Chapter 9 of 25

Capítulo 9: Nuestro Secreto

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Sabor a fresa y un calorcito que todavía le quemaba los labios. Allie apenas podía concentrarse en la pizarra mientras la profesora de matemáticas explicaba ecuaciones complejas. Su mente seguía atrapada en el callejón de ayer, bajo la lluvia fina, sintiendo las manos grandes de Julián acunando sus mejillas. Aquel beso lo había cambiado todo en un abrir y cerrar de ojos. Rozando el borde de su cuaderno con el bolígrafo, contuvo el aliento cuando la puerta del aula se abrió de golpe. Julián entró con paso firme, disculpándose con la profesora por el retraso de su entrenamiento de fútbol. Su uniforme deportivo le quedaba impecable, resaltando sus hombros anchos y esa postura que siempre intimidaba a media escuela. Llevaba el cabello ligeramente húmedo por el sudor, y su respiración aún era un poco agitada. Al pasar junto al pupitre de Allie, sus dedos rozaron la madera muy cerca de su mano. Fue un milisegundo, un contacto casi invisible para el resto de los estudiantes, pero suficiente para encenderle la piel a ella. Sintió una descarga eléctrica que le subió por el brazo y le pintó las mejillas de un rosa encendido. Apretó los labios, forzándose a mirar fijamente la pizarra para no delatarse ante las miradas curiosas del aula. Buscando un lugar al fondo, Julián se sentó sin mirarla directamente, respetando el pacto implícito de discreción que habían acordado. Sabían perfectamente lo que se jugaban si alguien los descubría juntos en este momento. Miranda vigilaba cada uno de sus movimientos con la precisión de un halcón hambriento, buscando cualquier excusa para acercarse a él. Por otro lado, el padre de Julián tenía expectativas demasiado altas, obsesionado con el estatus y el rendimiento, como para tolerar distracciones de clase media. Durante el almuerzo, la tensión no hizo más que aumentar en el ambiente escolar. Sentada en una mesa apartada en la biblioteca, Allie intentaba avanzar con la lectura de historia para el examen de la próxima semana. Susurros a su espalda la hicieron respingar, casi dejando caer el bolígrafo sobre el libro. —Oye —dijo Julián, deslizándose en la silla contigua con una agilidad sorprendente para su gran tamaño. Rápidamente, ella miró a ambos lados, asegurándose de que el pasillo estuviera completamente vacío antes de fijar sus ojos cafés en él. —Julián, por favor, alguien nos va a ver —murmuró con urgencia—. Miranda pasa por aquí para ir al taller de arte a esta hora. —Que mire —respondió él con una sonrisa de medio lado, aunque sus ojos recorrieron el pasillo con una innegable cautela—. No, en serio. Tienes razón. No quiero causarte problemas. Apretando los puños sobre la mesa de madera, Julián suspiró, revelando esa vulnerabilidad que solo mostraba cuando estaban a solas. —Me cuesta demasiado fingir que no te conozco cuando estamos en estos pasillos —confesó, bajando la voz hasta que fue un ronroneo grave y privado—. Solo quiero tomar tu mano y caminar contigo. —A mí también me cuesta —admitió Allie, esbozando una sonrisa tímida pero sincera—. Pero es lo mejor. Por ahora. Mirándose fijamente a los ojos, sellaron su pacto silencioso con una complicidad que no necesitaba de etiquetas públicas ni anuncios. Serían un secreto, un oasis privado lejos de las presiones del mundo exterior y de las lenguas viperinas de sus compañeros. --- Escapar del radar de la escuela se convirtió en su juego favorito durante las semanas siguientes. Encontraron una pequeña cafetería a diez manzanas del instituto, un lugar con luces tenues, mesas de madera gastada y un persistente olor a canela. Nadie de su círculo social frecuentaba esa zona, lo que les daba una libertad absoluta para respirar sin máscaras. Sentados en la mesa del rincón más oscuro, Julián jugaba con los dedos de Allie por debajo del mantel de tela. —Tus manos siempre están frías —bromeó él, envolviéndolas por completo con sus palmas cálidas y ásperas por las pesas del gimnasio. —Y las tuyas parecen calefactores encendidos —replicó ella, riendo bajito para no llamar la atención del camarero—. Es una buena combinación, ¿no crees? —La mejor del mundo —afirmó Julián, mirándola con una intensidad que le aceleró el pulso de inmediato. Disfrutaban de esos momentos como si fueran valiosos tesoros robados al implacable transcurrir del tiempo. Julián le contaba detalles de sus duros entrenamientos, la presión asfixiante de su padre para que obtuviera una beca perfecta, y cómo sentía que solo con ella podía respirar de verdad. Allie, por su parte, le abría las puertas de sus sueños de estudiar medicina en la universidad, sus miedos más profundos y su vida tranquila. Poco a poco, las barreras que los separaban debido a sus mundos tan diferentes comenzaron a desmoronarse por completo. Caminando de regreso, elegían las calles más largas, esquivando las avenidas principales y buscando las sombras de los árboles. Escondidos entre los arbustos de un parque semiabandonado, Julián la empujaba suavemente contra un tronco, robándole besos rápidos que sabían a café y complicidad. —Eres mi parte favorita del día, Allie —le susurraba él al oído, haciéndola temblar de arriba abajo con su aliento cálido. —Y tú la mía —respondía ella, aferrándose con fuerza a su chaqueta deportiva para no perder el equilibrio. --- Sábado por la tarde, la acogedora casa de Allie se convirtió en su refugio definitivo y más seguro. Su madre trabajaba en el hospital en turnos dobles hasta muy tarde, dejándoles el espacio libre para ser ellos mismos sin temor a interrupciones. Sentados en la alfombra de la sala de estar, la consola de videojuegos estaba encendida, emitiendo luces de colores sobre las paredes. Sin embargo, ninguno de los dos prestaba verdadera atención a la pantalla de la televisión. —¡Tramposo! —gritó Allie entre risas cuando el personaje virtual de Julián empujó al suyo fuera de la pista de carreras. —Es pura estrategia, nena —se burló él, tirando el mando al suelo para abalanzarse sobre ella con una sonrisa traviesa y ganadora. Atrapada bajo el peso de su cuerpo atlético, Allie jadeó, sintiendo el calor reconfortante que irradiaba el pecho de Julián contra el suyo. Sus miradas se cruzaron en el aire, y las risas se desvanecieron lentamente para dar paso a una tensión densa, magnética y llena de expectativa. Julián acarició su mejilla con el pulgar, delineando sus labios con una ternura infinita que contrastaba con su imponente y rudo aspecto físico. —Me vuelves loco, Allie —susurró, con la voz ligeramente rota por la extrema cercanía de sus rostros—. No tienes idea de cuánto tiempo he esperado esto. Lentamente, se inclinó para besarla, uniendo sus labios en un ritmo pausado y profundo que aceleró el pulso de ambos corazones al unísono. Allie enredó sus dedos en el cabello oscuro y suave de Julián, atrayéndolo aún más hacia ella en un gesto de pura entrega. Cada encuentro en esa sala de estar fortalecía un vínculo que crecía a pasos agigantados y a espaldas del mundo entero. Estudiaban juntos para los exámenes finales de biología, compartiendo apuntes detallados que servían como la excusa perfecta ante cualquier sospecha familiar. A veces, simplemente se recostaban en el sofá de la sala a escuchar música con un solo par de auriculares, compartiendo el silencio y los latidos del otro. Julián encontraba en el pecho de Allie la paz y la tranquilidad que su propio hogar, lleno de gritos y exigencias paternas, le negaba constantemente. —Si mi papá supiera de esto... —comenzó Julián una tarde gris, con la vista fija en el techo de la sala y el ceño fruncido por la preocupación. —No lo sabe —lo interrumpió Allie con suavidad, acariciando su frente para borrar las líneas de expresión que delataban su angustia—. Y no tiene por qué saberlo ahora. Estamos bien así, Julián. Esto es nuestro. Asintiendo con la cabeza, él la abrazó con más fuerza, como si temiera que el viento se la llevara si aflojaba el agarre por un solo segundo. Protegían su pequeña e íntima burbuja con un celo casi religioso, sabiendo que un solo rumor en el instituto podría destruirlo todo en un instante. --- Llegó el invierno con rapidez, trayendo consigo días mucho más cortos y tardes frías que justificaban aún más sus constantes encierros en casa. Aquella biblioteca municipal, un edificio antiguo de techos altos, grandes ventanales y pasillos laberínticos, se convirtió en otro de sus escondites predilectos. Ocultos en la sección de archivos históricos del segundo piso, donde casi nadie subía debido al polvo y al desinterés general, compartían notas escritas a mano. "Te ves jodidamente hermosa hoy con ese suéter azul", decía la letra firme, grande y un poco descuidada de Julián en un trozo de papel. Allie le respondía con un dibujo rápido de un corazón y una carita sonriente, sintiendo que su pecho se llenaba de una calidez que desafiaba el frío invernal. Detrás de una enorme estantería de enciclopedias polvorientas y libros de derecho antiguos, Julián la acorraló suavemente contra la madera. —Aquí no, Julián —susurró ella, aunque sus manos ya se aferraban con fuerza a los hombros de su chaqueta. —Solo un beso rápido —rogó él con los ojos brillando de pura picardía—. Nadie va a subir aquí en las próximas dos horas. Sus lips se encontraron en un beso hambriento y necesitado, lleno de la adrenalina y el peligro constante de ser descubiertos por el estricto bibliotecario. Aquel roce constante de sus cuerpos generaba una chispa invisible que amenazaba con incendiar el papel viejo de los estantes que los rodeaban por completo. Cuando finalmente se separaron para tomar aire, ambos respiraban con dificultad, con las mejillas encendidas y las sonrisas más brillantes que de costumbre. Fingir indiferencia total en los pasillos del instituto se volvía cada día más difícil de sostener, pero la recompensa de sus tardes privadas valía cada segundo de actuación. Nadie sospechaba absolutamente nada; para el resto del colegio, Julián seguía siendo el atleta inalcanzable y Allie la estudiante solitaria enfocada en sus calificaciones. Sin embargo, bajo la superficie de esa normalidad fingida por ambos, se estaba gestando un sentimiento demasiado grande y poderoso para mantenerse oculto por mucho tiempo. De vuelta en la habitación de Allie esa misma tarde, el ambiente se sentía diferente, mucho más íntimo y cargado de una promesa silenciosa que flotaba en el aire. Julián la miraba con una devoción absoluta que la hacía sentir como la única persona importante en todo el universo. —Pase lo que pase afuera de estas cuatro paredes —dijo Julián, tomando su rostro entre sus manos cálidas y mirándola a los ojos—, esto es nuestro. Nadie tiene derecho a opinar ni a tocarnos aquí dentro. Allie asintió con la cabeza, sintiendo una pequeña lágrima de pura felicidad asomarse en sus ojos mientras se acurrucaba contra su firme pecho. Sabía perfectamente que el mundo exterior era implacable y que las diferencias sociales que tanto preocupaban a su padre terminarían por alcanzarlos tarde o temprano. Pero en la calidez de ese abrazo, rodeada por el aroma masculino de Julián y el latir constante de su corazón, el secreto que compartían se sentía como el refugio más seguro y sagrado del planeta. Julián y Allie comienzan la relación sin que todos los sepan, era secreto.

End of Chapter 9