Aire helado entró de golpe en el laboratorio de química.
Miranda permanecía de pie bajo el umbral, con los brazos cruzados y una sonrisa afilada tallada en el rostro. Sus ojos oscuros brillaban con una malicia que helaba la sangre.
"Vaya, vaya", siseó, arrastrando las palabras mientras daba un paso hacia el interior del aula. "¿Interrumpo algo importante?"
Julián se apartó de Allie de inmediato, aunque no con prisa, sino con una rigidez exasperada. Sus dedos, que un segundo antes rozaban la mejilla de Allie, se cerraron en puños apretados a los costados de sus muslos. Una vena latía con fuerza en su mandíbula apretada.
"No es de tu incumbencia, Miranda", respondió Julián, su voz descendiendo a un tono peligrosamente bajo y ronco. "Vete."
Allie dio un paso atrás, sintiendo cómo el calor de la cercanía de Julián se desvanecía, reemplazado por un frío súbito en el pecho. Su corazón golpeaba con fuerza contra sus costillas. El miedo a los rumores que Miranda podía desatar la paralizaba.
"¿Que me vaya?" Miranda soltó una carcajada seca, carente de cualquier pizca de diversión genuina. "Oh, Julián. Creo que a tu padre le interesaría mucho saber en qué pierdes el tiempo cuando deberías estar estudiando."
Silencio pesado cayó sobre la habitación, denso como el plomo.
Allie palideció, mirando de reojo a Julián. Sabía lo estricto que era el señor de la Cruz, un hombre de negocios implacable cuyo nombre inspiraba temor en toda la ciudad. Un desliz de Julián significaría el fin de cualquier libertad que el chico tuviera.
"No te atrevas", advirtió Julián, dando un paso al frente para interponerse entre Miranda y Allie. Sus hombros se tensaron, adoptando una postura defensiva que delataba su furia interna.
"¿Por qué no?" Miranda enarcó una ceja perfectamente depilada, disfrutando del poder que creía tener sobre la situación. "Ella no es de nuestro círculo, Julián. Es una don nadie. Tu padre se encargará de que entiendas eso muy rápido si yo decido hacer una llamada."
Ganas de llorar amenazaron con ahogar a Allie, pero tragó saliva con fuerza, negándose a mostrar debilidad ante la chica que la miraba con tanto desprecio.
Rápidamente, antes de que Miranda pudiera pronunciar otra palabra amenazante, Julián tomó la mano de Allie.
Sus dedos cálidos y firmes se entrelazaron con los de ella en un agarre inquebrantable. El contacto envió una descarga eléctrica directo al pecho de Allie, disipando parte del miedo que la atenazaba.
"Nos vamos", sentenció Julián, sin mirar atrás.
Arrastró a Allie fuera del laboratorio, pasando junto a una atónita Miranda que no esperaba esa reacción desafiante.
Caminaron a paso veloz por los pasillos semi-vacíos del instituto. El eco de sus pasos apresurados resonaba en las paredes de baldosas claras, mientras el calor de la mano de Julián seguía siendo el único anclaje de Allie con la realidad.
Nadie se atrevió a detenerlos.
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Afuera, el aire fresco de la tarde golpeó sus rostros.
Julián no soltó su mano hasta que llegaron detrás de las gradas del campo de deportes, un lugar desierto a esa hora del día. Las sombras de la estructura metálica los ocultaban del resto de la escuela.
"¿Estás bien?" preguntó él, dándose la vuelta para mirarla a los ojos. Su respiración era agitada, y la preocupación en su mirada era genuina, desprovista de la habitual máscara de indiferencia que mostraba al mundo.
"Sí, creo que sí", murmuró Allie, frotándose los brazos para recuperar el calor corporal. "Pero... lo que dijo Miranda. Tu padre..."
"No te preocupes por ella", la interrumpió él, pasando una mano por su cabello castaño con frustración. "Miranda solo busca provocar. No sabe nada de mi vida, solo intenta asustarnos."
"Pero tiene razón en algo", insistió Allie en voz baja, bajando la mirada hacia sus propios zapatos. "Tu padre no querría que estuvieras conmigo. Soy de un mundo diferente, Julián. Si nos ven juntos..."
"Me importa una mierda lo que piense el resto", declaró Julián con firmeza, acortando la distancia entre ambos.
Su cercanía hizo que el pulso de Allie se acelerara de nuevo. Podía oler su perfume masculino, una mezcla de madera y cítricos que empezaba a resultarle peligrosamente familiar.
"No quiero alejarme de ti", admitió él, con una vulnerabilidad que desarmó por completo a Allie. "Pero tenemos que ser inteligentes. No podemos darles motivos para hablar."
Pensativa, Allie arrugó la frente mientras buscaba una solución en su mente.
"Un proyecto de biología", propuso ella de repente, levantando la vista para encontrar los ojos oscuros de Julián. "Sigue en pie. Nadie puede cuestionar que nos reunamos si es para trabajar en una nota importante."
"Un proyecto", repitió Julián, y una pequeña sonrisa, la primera de la tarde, curvó la comisura de sus labios. "Una excusa perfecta."
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Al día siguiente, el plan comenzó a ejecutarse.
Reunirse en la biblioteca del instituto era demasiado arriesgado debido a los ojos curiosos de los amigos de Julián y la mirada vigilante de Miranda.
Decidieron encontrarse en una pequeña cafetería ubicada a varias calles del colegio, un lugar humilde pero acogedor, decorado con plantas colgantes y mesas de madera desgastada.
Sentada junto a la ventana, Allie esperaba con un cuaderno abierto y una taza de té que ya se había enfriado.
Temores de que él no apareciera rondaban su mente, pero se disiparon de inmediato cuando la campanilla de la puerta tintineó. Julián entró, vistiendo una sudadera oscura que contrastaba con su uniforme habitual, buscando con la mirada hasta que sus ojos se encontraron con los de ella.
Caminó hacia la mesa con esa seguridad natural que poseía, pero al sentarse frente a ella, sus hombros se relajaron visiblemente.
"Siento llegar tarde", dijo, dejando su mochila en el suelo. "Tuve que deshacerme de mis amigos. Insistían en que fuéramos a entrenar."
"No pasa nada", sonrió Allie, cerrando un poco el cuaderno para darle espacio. "¿Pudiste salir sin que Miranda te viera?"
"Sí", asintió él, pidiendo un café al camarero que se acercó. "Esa chica no me controla, por mucho que lo intente."
Durante las siguientes dos horas, los libros permanecieron abiertos sobre la mesa, pero las páginas apenas pasaron.
Descubrieron que tenían mucho más en común de lo que imaginaban. Allie hablaba con pasión sobre sus planes de estudiar medicina, de su amor por la lectura y de la tranquila vida que compartía con su madre.
Julián la escuchaba con una atención absoluta, apoyando la barbilla en su mano, cautivado por la forma en que los ojos de Allie se iluminaban al hablar de sus sueños.
"¿Y tú?" preguntó Allie, atreviéndose a indagar más en la vida del chico popular. "¿Qué quieres hacer después de graduarte?"
Sombras cruzaron el rostro de Julián, apagando la calidez de su mirada por un instante. Tomó un sorbo de su café antes de responder, con la voz cargada de una madurez forzada.
"Lo que yo quiera no importa mucho", confesó en un susurro áspero. "Mi padre ya ha diseñado mi vida entera. Estudiaré administración de empresas en la universidad que él eligió, y luego me haré cargo de la compañía familiar."
"Eso suena... asfixiante", opinó Allie con suavidad, estirando la mano sobre la mesa, aunque dudó a mitad de camino y la retiró.
Julián notó el gesto y, con una delicadeza que contrastaba con su imponente físico, atrapó los dedos de Allie sobre la madera de la mesa.
"Lo es", admitió él, mirando sus manos unidas. "Él decide todo. Mi ropa, mis amigos, mi futuro. Cree que la disciplina rígida es la única forma de tener éxito."
"¿Y tu madre?" inquirió Allie, sintiendo una profunda empatía por el peso que Julián llevaba sobre sus hombros todos los días.
"Mi madre es diferente", sonrió él de manera genuina, y la expresión de su rostro se suavizó por completo. "Ella siempre me apoya. Intenta interceder por mí cuando mi padre se pone demasiado estricto, pero su voz no siempre es suficiente frente a él. Ella solo quiere que yo sea feliz, sin importar lo que elija."
"Me alegra que la tengas a ella", dijo Allie, devolviéndole la sonrisa.
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Poco a poco, las tardes en la cafetería se convirtieron en su rutina secreta.
Cada encuentro comenzaba con la farsa de abrir los libros de biología, simulando estudiar esquemas de células y ecosistemas, pero pronto la farsa caía para dar paso a largas conversaciones sobre música, miedos y esperanzas.
Julián aprendió que Allie odiaba el desorden pero amaba el olor de la lluvia, y Allie descubrió que detrás de la fachada de atleta perfecto de Julián se escondía un chico que escribía poesía en los márgenes de sus cuadernos de física.
Caminando de regreso a casa una tarde nublada, el frío comenzaba a calar en sus huesos.
Julián se quitó la chaqueta y, sin aceptar un no por respuesta, la colocó sobre los hombros de Allie. El aroma a madera y a él la envolvió de inmediato, haciéndola sentir protegida del resto del mundo.
"Gracias", susurró ella, encogiéndose dentro de la prenda que le quedaba notablemente grande.
"Te queda mejor a ti que a mí", bromeó él, pasando un brazo por encima de sus hombros para atraerla hacia su costado.
Allie no se resistió. Se apoyó contra su pecho mientras caminaban por la acera húmeda, sintiendo que los rumores del instituto, la hostilidad de Miranda y las expectativas del padre de Julián se desvanecían en la distancia.
Allí, en la penumbra de la tarde, solo existían ellos dos.
"¿Crees que sospechen algo?" preguntó Allie, rompiendo el silencio cómodo que se había instalado entre ellos.
"No", respondió Julián con seguridad, aunque apretó un poco más el agarre sobre su hombro. "Mientras mantengamos la excusa del proyecto frente a los demás, estamos a salvo. Nadie tiene por qué saber lo que hacemos después de clases."
"Me gusta esto", confesó ella en un murmullo tímido. "No tener que fingir delante de nadie."
"A mí también", coincidió él, deteniéndose frente a la esquina que conducía a la casa de Allie. No quería que nadie los viera llegar juntos a su puerta para proteger su privacidad.
Se miraron a los ojos bajo la luz mortecina de una farola que acababa de encenderse. El deseo de acortar la distancia que los separaba flotaba en el aire húmedo, más fuerte que nunca.
Julián se inclinó lentamente, rozando sus labios con suavidad en la mejilla de Allie, un roce que la hizo estremecerse por completo.
"Te veo mañana para 'estudiar'", susurró él al oído de Allie, con un tono sugerente que la hizo sonreír.
"Mañana", confirmó ella, sintiendo una calidez en el pecho que desafiaba al frío invierno que se avecinaba.
Viendo cómo él se alejaba en la penumbra de la calle, Allie se aferró a la chaqueta que aún llevaba puesta. Sabía que estaban jugando con fuego, pero por primera vez en su vida, estaba dispuesta a quemarse.
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Días después, el ambiente en el instituto se volvió más tenso.
Miranda los observaba desde la distancia con ojos de serpiente, siempre al acecho, buscando cualquier desliz que confirmara sus sospechas. Sin embargo, la impecable actuación de Julián y Allie mantía a raya las habladurías de los pasillos.
"¿Cómo va el proyecto de biología, de la Cruz?" preguntó Miranda en tono burlón una mañana en el pasillo, bloqueando el camino de Julián hacia su taquilla.
"Excelente", respondió Julián de manera fría, sin siquiera mirarla mientras sacaba sus libros de texto. "Allie es una excelente compañera. Deberías intentar estudiar tú también, tal vez así dejes de meter la nariz en los asuntos de los demás."
Amigos de Julián que pasaban por allí soltaron una carcajada ante el corte, dejando a Miranda con las mejillas encendidas de rabia contenida.
"Ya veremos quién ríe al final", siseó ella antes de darse la vuelta con paso firme, sus tacones resonando con furia contra el suelo.
Julián ignoró la amenaza, pero por dentro, una chispa de preocupación se encendió. Sabía que Miranda no se rendiría fácilmente.
Rápidamente se dirigió al laboratorio de ciencias donde sabía que Allie solía pasar sus horas libres, deseando estar cerca de ella para ahuyentar los malos presentimientos que lo acosaban.
Allie estaba allí, organizando unos tubos de ensayo con la tranquilidad que siempre la caracterizaba. Al verlo entrar, una sonrisa brillante iluminó su rostro cansado por las horas de estudio.
"Hola", saludó ella en voz baja, asegurándose de que el profesor no estuviera cerca.
"Hola", respondió él, cerrando la puerta detrás de sí. Se acercó a su mesa y, asegurándose de estar fuera del ángulo de visión de la ventana del pasillo, tomó su mano. "Necesito salir de aquí."
"Yo también", admitió ella, sintiendo el cansancio acumulado de la semana. "¿La cafetería de siempre?"
"No, hoy quiero llevarte a un lugar diferente", propuso Julián con un brillo de emoción en sus ojos oscuros que Allie nunca antes había visto.
Intrigada, ella asintió sin dudarlo. Confiaba en él plenamente, un sentimiento que había crecido de manera exponencial en las últimas semanas de encuentros clandestinos.
Salieron del instituto por la puerta trasera, evitando las miradas indiscretas de los estudiantes que se agolpaban en la entrada principal.
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Caminaron durante veinte minutos hasta llegar a un parque antiguo en las afueras de la zona residencial.
Arboledas densas rodeaban un pequeño estanque donde algunos patos nadaban tranquilamente. El lugar estaba desierto, ofreciéndoles la privacidad que tanto anhelaban y que el instituto les negaba constantemente.
"Mi madre solía traerme aquí cuando era niño", compartió Julián, guiándola hacia un banco de madera pintado de verde que estaba bajo un enorme roble. "Era el único lugar donde mi padre no podía encontrarnos."
"Es hermoso", dijo Allie, respirando el aire puro cargado de olor a tierra mojada y hojas secas. "Entiendo por qué te gusta tanto."
Sentados uno al lado del otro, el silencio que se formó no era incómodo, sino lleno de una complicidad que no necesitaba palabras para expresarse.
Julián pasó su brazo alrededor de la cintura de Allie, atrayéndola hacia su cuerpo. Ella apoyó la cabeza en su hombro, cerrando los ojos al sentir los latidos constantes y fuertes de su corazón bajo la sudadera.
"A veces deseo que las cosas fueran más sencillas", confesó Julián en voz baja, mirando el reflejo de las nubes en el agua estancada. "Ojalá no tuviéramos que escondernos."
"Lo sé", susurró Allie, acariciando suavemente la mano de él que descansaba sobre su rodilla. "Pero esto que tenemos... vale la pena el riesgo, Julián."
"Sí", coincidió él, girando el rostro para depositar un beso suave en la coronilla de su cabeza. "Vale cada maldito segundo."
Conscientes de que el tiempo jugaba en su contra y que las sombras de la tarde comenzaban a alargarse, decidieron que era hora de regresar antes de que la ausencia de Julián en su casa levantara sospechas en su estricto padre.
Durante el trayecto de regreso, tomados de la mano y compartiendo risas flojas por comentarios sin importancia, la realidad de su situación parecía flotar a su alrededor como una niebla que se negaba a disiparse.
Para mantener las apariencias frente al mundo, planearon su siguiente encuentro con la misma rigurosa precisión de siempre.
Julián la miró con una mezcla de determinación y ternura mientras se despedían cerca de la esquina habitual de su calle.
Pensar en el peligro de ser descubiertos era real, pero la urgencia de su cercanía solo hacía que sus momentos juntos fueran más valiosos y desesperados.
Julián y Allie empiezan a salir juntos con la excusa del proyecto.