Chapter 3 of 25
Peleas y Miradas
2.2k words
Campanas de la escuela resonaron con fuerza, marcando el inicio del receso de la tarde.
Estudiantes corrieron por los pasillos, ansiosos por escapar de la rigidez de las aulas.
Allie caminaba a paso lento, abrazando sus pesados libros contra el pecho como si fueran un escudo protector.
Su cabello oscuro caía en ondas desordenadas sobre sus hombros, y sus gafas de montura negra se deslizaban constantemente por su nariz.
Solo quería encontrar un rincón tranquilo en el patio trasero, lejos del bullicio y de las miradas curiosas.
Un tropiezo repentino la hizo tambalearse.
Alguien había chocado deliberadamente contra su hombro, desestabilizándola.
Apuntes sueltos resbalaron de su carpeta, esparciéndose sobre el suelo de losas pulidas.
Risas burlonas flotaron en el aire de inmediato.
—Mira por dónde vas, ratoncita de biblioteca —dijo una voz masculina que Allie ya reconocía demasiado bien.
Julián estaba allí de pie, con los brazos cruzados y una sonrisa de suficiencia grabada en su rostro esculpido.
Sus ojos brillaban con una diversión maliciosa que encendió una chispa de furia en el pecho de Allie.
Apretando los dientes, ella se arrodilló para recoger sus papeles rápidamente.
—Siempre tienes que arruinarlo todo, ¿verdad? —masculló Allie, intentando mantener la voz baja y firme.
Julián se agachó a su lado, imitando sus movimientos pero sin la menor intención de ayudarla.
Tomó una de las hojas impresas antes de que ella pudiera alcanzarla, leyéndola con fingido interés.
—'Análisis de la estructura molecular'... Vaya, Allie, realmente sabes cómo divertirte un viernes por la tarde —se burló, agitando el papel frente a sus ojos.
—Devuélveme eso, Julián —exigió ella, extendiendo la mano con los dedos temblando ligeramente por la ira.
—¿Y si no quiero? —desafió él, elevando el papel por encima de su cabeza mientras se ponía de pie con una agilidad envidiable.
Su imponente estatura obligó a Allie a mirarlo hacia arriba, sintiéndose frustrantemente pequeña.
Furia silenciosa corría por sus venas.
---
Silencio absoluto reinaba en la sección de historia de la biblioteca municipal, o al menos así era hasta que él llegó.
Allie intentaba concentrarse en su ensayo sobre la Revolución Industrial, pero el sonido constante de un bolígrafo golpeando la mesa contigua la estaba volviendo loca.
Clac. Clac. Clac.
Miró de reojo, sabiendo perfectamente quién era el culpable de su tortura.
Julián estaba sentado al revés en la silla, apoyando la barbilla en el respaldo de madera, observándola fijamente con una ceja arqueada.
—¿No tienes un entrenamiento de fútbol al que asistir? —susurró Allie, con los ojos entrecerrados en una advertencia clara.
—Suspendido por lluvia —respondió él con una sonrisa perezosa, sin dejar de golpear el bolígrafo contra la superficie de madera.
—Entonces ve a molestar a Miranda. Estoy segura de que le encantaría tu atención —replicó ella, volviendo la vista a su cuaderno.
—Miranda es aburrida. Tú eres mucho más interesante cuando te enfadas —dijo Julián, estirando el brazo para dar un golpecito con el bolígrafo justo en la punta de la nariz de Allie.
Sorprendida por el contacto físico repentino, ella se echó hacia atrás, sintiendo un calor súbito invadir sus mejillas.
—¡No me toques! —siseó, su voz apenas un susurro audible pero cargado de veneno.
—Te pones roja muy rápido, sabelotodo —rió él, claramente complacido por haber logrado una reacción de su parte.
Apretando los puños sobre el escritorio, Allie respiró hondo para calmar los latidos desbocados de su corazón.
Este chico tenía la extraña habilidad de desestabilizarla con solo respirar cerca de ella.
Era el estudiante más popular, fuerte, disciplinado y admirado, pero con ella se comportaba como un niño caprichoso.
Decidida a no caer en sus provocaciones, Allie comenzó a guardar sus pertenencias en su mochila de lona gastada.
Deslizó los libros con brusquedad, queriendo salir de allí lo antes posible.
Julián observó sus movimientos rápidos y precisos con una mirada indescifrable.
—¿Ya te vas? El juego apenas empieza —comentó él, poniéndose de pie al mismo tiempo.
—Para mí terminó antes de empezar, Julián —dijo ella, colgándose la mochila al hombro.
Caminó hacia la salida con paso firme, pero él se adelantó, colocándose justo delante de la puerta batiente de madera.
Su cuerpo atlético bloqueaba por completo cualquier ruta de escape.
—Déjame pasar —pidió Allie, manteniendo la mirada fija en el botón de su camisa de uniforme para no perder la compostura.
—Pídemelo de otra manera —sugirió él, inclinando la cabeza con un brillo desafiante en sus ojos oscuros.
—No voy a jugar a tus juegos ridículos —respondió ella, intentando empujarlo a un lado con su hombro.
Fue como chocar contra una pared de piedra.
Julián apenas se movió un milímetro, pero una chispa de sorpresa cruzó sus facciones ante la audacia de la chica.
—Eres fuerte para ser tan pequeña —murmuró, su tono perdiendo un poco de la burla habitual.
Allie retrocedió un paso, molesta por la falta de espacio personal.
—Déjame en paz, Julián. De verdad —suplicó, esta vez con una nota de cansancio real en su voz.
Él pareció dudar por un segundo, observando el ceño fruncido de la chica y la rigidez de sus hombros.
Finalmente, se hizo a un lado con una reverencia exageradamente dramática.
—Adelante, su majestad del estudio —dijo, sonriendo de nuevo.
Allie pasó a su lado como un torbellino, jurando internamente no volver a cruzar caminos con él.
---
Nubes grises cubrían el cielo a la mañana siguiente, amenazando con una tormenta inminente.
Allie caminaba por el patio central del instituto, buscando refugio bajo las arcadas de piedra.
Llevaba puestas sus gafas de lectura, ya que sus ojos estaban cansados de pasar la noche en vela estudiando para el examen de literatura.
Un susurro a sus espaldas la puso en alerta.
—¡Miren quién es! La protegida de los profesores —se escuchó una voz aguda y burlona.
Miranda estaba allí, rodeada de su grupo de amigas, mirándola con desprecio absoluto.
Allie apretó el paso, ignorando las risas que la seguían.
No tenía energía para lidiar con el drama de Miranda hoy.
Súbitamente, una figura alta se interpuso en su camino, deteniéndola en seco.
Julián apareció como de la nada, con una manzana roja en la mano y una expresión de aburrimiento que se transformó en diversión al verla.
—Vaya, si es mi ratoncita favorita —dijo él, ignorando por completo a Miranda y a su séquito.
Miranda frunció el ceño, cruzándose de brazos con indignación al ver que Julián la ignoraba para prestarle atención a Allie.
—Julián, vámonos. Tenemos clase —dijo Miranda con tono posesivo, intentando tomarlo del brazo.
Él se apartó sutilmente, esquivando el toque de Miranda sin mirarla siquiera.
—Vayan adelantándose. Tengo un asunto pendiente aquí —respondió Julián, manteniendo sus ojos fijos en Allie.
Frustrada, Miranda soltó un bufido y se alejó con paso ruidoso, arrastrando a sus amigas con ella.
Allie suspiró, sintiendo que la tensión en sus hombros aumentaba.
—¿Por qué tienes que hacer eso? —preguntó, irritada.
—¿Hacer qué? ¿Salvarte de la arpía del salón? Deberías darme las gracias —dijo Julián, dándole un mordisco crujiente a la manzana.
—No necesito que me salves de nadie. Y menos de ti —replicó ella, intentando rodearlo.
Julián se movió con rapidez, bloqueándole el paso una vez más.
—No tan rápido, Allie. Me debes algo por el favor de ayer en la biblioteca —dijo él, con un brillo travieso en los ojos.
—¿Qué favor? ¡Tú fuiste quien me molestó! —exclamó ella, perdiendo la paciencia por completo.
Su voz resonó en el pasillo semi-vacío, atrayendo algunas miradas curiosas.
—Te di entretenimiento gratuito. Eso tiene un precio —bromeó él, inclinándose un poco hacia ella.
Allie sintió que la sangre le hervía de pura frustración.
Este chico era exasperante, insoportable y ridículamente persistente.
Intranquila por la cercanía, Allie dio un paso atrás, pero su espalda chocó contra la pared de casilleros de metal.
Julián aprovechó la oportunidad para acorralarla suavemente, apoyando una mano en el casillero justo al lado de su cabeza.
Olor a lluvia fresca y menta inundó los sentidos de Allie, haciéndola tragar saliva con dificultad.
—¿Por qué me molestas tanto, Julián? ¿Qué es lo que quieres de mí? —preguntó ella, con la voz un poco más baja, casi un ruego.
Él la miró fijamente, y por un breve instante, la burla desapareció de sus ojos, reemplazada por una curiosidad genuina y algo que Allie no pudo descifrar.
Aquellas palabras hicieron que el corazón de Allie diera un vuelco extraño, pero rápidamente se sacudió esa sensación.
No podía permitirse caer en sus encantos; sabía que Julián pertenecía a un mundo completamente diferente, lleno de exigencias familiares, lujos y dinámicas sociales superficiales.
Su padre, un hombre estricto y de alta sociedad, jamás vería con buenos ojos que su hijo popular se relacionara con alguien como ella.
—Pues búscate a otra persona para tus experimentos —dijo Allie, recuperando su tono frío y distante.
Empujó su brazo con firmeza, y esta vez Julián la dejó pasar, aunque su mirada la siguió durante todo el trayecto por el pasillo.
---
Horas más tarde, el timbre de salida anunció el fin de la jornada escolar.
Allie se quedó en el aula de química para organizar unos apuntes adicionales sobre la mesa de laboratorio.
Quería asegurarse de tener todo en orden antes de irse a casa, sabiendo que el fin de semana requeriría largas horas de estudio.
Ruido de pasos lentos irrumpió en la quietud de la sala vacía.
Allie no necesitó levantar la vista para saber quién era; el ritmo constante de sus pasos y esa presencia imponente eran inconfundibles.
—¿Otra vez aquí, sabelotodo? ¿Acaso vives en este salón? —preguntó Julián, arrastrando una silla para sentarse cerca de ella.
—Estoy ocupada, Julián. Por favor, vete —pidió Allie, manteniendo la mirada fija en sus hojas impresas.
—No me apetece irme a casa todavía. Mi padre está de un humor terrible hoy, exigiendo que mejore mis notas en ciencias —suspiró él, con un deje de frustración real en su voz.
Allie levantó la vista por un segundo, notando por primera vez el ligero cansancio en los ojos de Julián.
Bajo esa fachada de chico popular y despreocupado, sabía que cargaba con una inmensa presión familiar.
Sin embargo, no era su problema.
—Si estudiaras en lugar de molestarme, tal vez tus notas mejorarían —señaló ella, volviendo a su tarea.
—Estudiar es aburrido. Es mucho más divertido esto —dijo Julián, con una chispa traviesa volviendo a sus ojos.
Antes de que Allie pudiera procesar sus palabras, la mano de Julián se movió con rapidez felina.
Sus dedos rozaron la sien de Allie, atrapando la montura de sus gafas de lectura y quitándoselas con un movimiento ágil.
—¡Julián! ¡Devuélvemelas! —exclamó ella, parpadeando con frustración mientras su visión se volvía ligeramente borrosa.
Sosteniendo las gafas en el aire, fuera de su alcance, él se levantó de la silla con una sonrisa triunfal.
—Ven por ellas, ratoncita de biblioteca —desafió, dando unos pasos hacia atrás mientras las balanceaba tentadoramente.
Furia acumulada por todas sus burlas estalló en el pecho de Allie.
Se levantó de un salto, decidida a no dejarse pisotear más por sus juegos infantiles.
—¡No es divertido! ¡Tengo que terminar esto! —gritó, abalanzándose hacia él para intentar arrebatarle las gafas.
Julián se rio, alzando el brazo aún más alto, aprovechando su obvia ventaja de estatura.
—Tienes que esforzarse más que eso, Allie —provocó, esquivando su primer intento con facilidad.
Ciega por la rabia y la falta de nitidez en su visión, Allie dio un paso en falso, tropezando con la pata de una de las pesadas mesas de laboratorio.
Su cuerpo perdió el equilibrio por completo, inclinándose hacia adelante.
Un grito ahogado escapó de su garganta mientras se preparaba para el impacto contra el suelo.
Repentinamente, unos brazos fuertes y firmes la rodearon por la cintura, deteniendo su caída con una fuerza asombrosa.
Un impulso incontrolable la llevó directamente contra el pecho de Julián, obligándola a aferrarse a sus hombros para no caer.
Ambos tambalearon por un segundo antes de que Julián recuperara la estabilidad, manteniéndola estrechamente unida a su cuerpo.
Soplos calientes de su respiración agitada chocaba directamente contra el cuello de Julián, enviando un escalofrío por la espalda de ambos.
Abriendo los ojos lentamente, Allie se encontró a escasos centímetros del rostro de él.
Tensión eléctrica llenó el espacio mínimo que los separaba, haciendo que el tiempo pareciera detenerse.
Julián la miraba fijamente, con los ojos oscurecidos por una emoción nueva y abrumadora.
Su mano seguía presionando firmemente su espalda baja, manteniéndola pegada a su pecho, donde el corazón de él latía con una fuerza desbocada.
Allie podía sentir cada músculo tenso de su cuerpo, la calidez que emanaba de su piel y la intensidad de su mirada.
Ninguno de los dos se movió, temiendo romper el frágil hechizo que los unía en medio de la penumbra del aula.
—¿Aún quieres tus gafas? —susurró Julián, su voz más ronca y baja de lo habitual, con el rostro inclinándose apenas un milímetro hacia el de ella.
Allie se quedó sin aliento, incapaz de responder ante la peligrosa cercanía de sus labios.