Chapter 4 of 25
Capítulo 4: Tal vez no sea tan Malo
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Allie se apartó bruscamente quitándole las gafas, recoge sus cosas y se va. Julián sonrió.
Esa noche ninguno de los dos podía pensar en esa escena, Allie trataba de dormir pero solo daba vueltas en la cama...
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Gotas pesadas golpeaban el vidrio templado de la biblioteca, creando un compás monótono que resonaba en el silencio del enorme salón de estudio.
Allie apretó el bolígrafo de gel negro con tanta fuerza que la punta metálica estuvo a punto de rasgar la hoja de su cuaderno de notas.
Odiaba perder el tiempo.
Cada minuto desperdiciado se sentía como un paso atrás en su meticulosa planificación para asegurar la beca universitaria que tanto necesitaba.
Peor aún era saber que su calificación final en la materia de biología dependía de alguien que consideraba la definición exacta de un dolor de cabeza andante.
Miró el reloj de pared de madera oscura que colgaba sobre la sección de enciclopedias antiguas.
Quince minutos de retraso.
Típico de Julián.
Chicas suspirando por él en los pasillos, profesores pasándole por alto pequeñas faltas por ser el capitán del equipo, y ahora esto.
Arrugando la nariz con evidente fastidio, Allie repasó las anotaciones sobre genética y herencia molecular que había preparado con días de anticipación.
No iba a permitir que un deportista mimado arruinara su promedio perfecto, incluso si eso significaba arrastrarlo durante todo el proyecto de fin de curso.
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Ruido de pasos rápidos y decididos rompió la quietud casi sagrada de la sala de estudio del segundo piso.
Julián apareció entre los altos estantes de roble, arrastrando una mochila de lona negra sobre un solo hombro y con el cabello castaño visiblemente húmedo por la llovizna exterior.
Su presencia física siempre parecía ocupar demasiado espacio, una mezcla de confianza innata y una energía inquieta que ponía a Allie a la defensiva de inmediato.
"Llegas tarde", siseó ella en un susurro cortante, sin molestarse en levantar la cabeza de sus hojas de anotaciones.
Él se dejó caer en la silla de madera frente a ella, haciendo que las patas de la mesa crujieran levemente sobre el suelo de linóleo.
"Siento la demora", murmuró Julián, pasándose una mano grande por el cabello desordenado para apartar los mechones mojados de su frente.
"Quince minutos tarde en un trabajo que representa el treinta por ciento de nuestra calificación final", le recordó ella, clavándole una mirada cargada de reproche.
"Tuve entrenamiento de velocidad y mi padre estaba esperándome en las gradas con su cronómetro", explicó él, con un tono de voz apagado que carecía de su habitual tono burlón.
Allie estudió su rostro por un breve segundo, notando las sutiles ojeras oscuras bajo sus ojos y la tensión acumulada en la línea de su mandíbula rígida.
"Eso no justifica que dejes plantada a tu compañera de equipo", replicó ella, suavizando apenas un ápice su tono de voz pero manteniendo una distancia prudente.
"No te dejé plantada, estoy aquí", dijo Julián, abriendo su mochila con brusquedad para sacar un cuaderno de espiral azul y un bolígrafo de tinta negra.
"Bien, empecemos entonces", ordenó Allie, deslizando el esquema del proyecto hacia el centro de la mesa compartida. "No tenemos toda la noche".
"Como desees, general", sonrió él de lado, recuperando por un instante esa chispa de arrogancia que a ella le resultaba tan exasperante.
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Horas de trabajo intenso se sucedieron mientras el exterior del colegio se sumía en una oscuridad densa, interrumpida solo por los destellos de los relámpagos lejanos.
Allie esperaba tener que guiar a Julián paso a paso, explicándole conceptos tan básicos como la diferencia entre fenotipo y genotipo.
Para su absoluta sorpresa, el chico demostró una comprensión de la materia que desafiaba por completo el estereotipo de atleta despistado que ella le había asignado.
"No entiendo por qué insistes en que este cruce es recesivo", comentó Allie, señalando con la punta de su lápiz un cuadrante específico del papel cuadriculado. "Los datos del problema claramente indican una dominancia incompleta".
Julián se inclinó un poco más hacia su lado de la mesa, reduciendo la distancia física entre ellos de una manera que hizo que el pulso de ella diera un salto desordenado.
"Mira los parentales de la generación F1", explicó él, su voz baja y tranquila acariciando el aire silencioso de la biblioteca. "Si fuera dominancia incompleta, tendríamos un fenotipo intermedio en todos los descendientes, pero aquí se expresa el color puro en una proporción menor".
Allie sintió el aroma de su colonia, una mezcla de notas amaderadas y lluvia fresca, invadir su espacio personal, distrayéndola por un instante de la lógica del ejercicio.
"Tienes razón", concedió ella, obligándose a concentrar su atención en los números y no en la cercanía de sus hombros anchos.
"Me alegra ver que la gran Allie acepta cuando se equivoca", bromeó él, con un brillo divertido en sus ojos que suavizó sus facciones habitualmente serias.
"Solo acepto la evidencia científica, no tu superioridad", replicó ella, intentando sonar severa, aunque una pequeña curva se formó en la comisura de sus labios.
"Si usamos la ley de segregación independiente aquí, el resultado del cruce dihíbrido debería darnos una proporción de nueve a tres", señaló Julián con la punta de su bolígrafo sobre el papel.
Allie parpadeó, mirando el gráfico que él acababa de trazar con una precisión geométrica casi perfecta.
"Eso... es correcto", admitió ella, sintiendo una extraña punzada de incomodidad al tener que darle la razón.
"¿Sorprendida?", preguntó él, apoyando los codos en la mesa y sosteniendo su mirada con una intensidad que la hizo removerse en su asiento.
"Un poco", confesó Allie, cruzando los brazos sobre el pecho en un intento de protegerse de esa mirada tan directa.
"Correr requiere estrategia, sabelotodo", replicó Julián, y aunque la palabra solía molestarla, esta vez sonó más como un juego de complicidad que como un insulto.
"Aun así, tu nivel de detalle en estos apuntes es... inusual", continuó ella, señalando las páginas pulcras de su cuaderno de espiral.
"Tengo que ser el mejor en todo lo que hago", murmuró él, y por primera vez Allie detectó un matiz de amargura real detrás de esas palabras.
"¿Por ti o por alguien más?", inquirió ella, arrepintiéndose de inmediato de cruzar esa línea invisible hacia su vida privada.
Julián guardó silencio durante unos segundos, mirando fijamente la punta de su bolígrafo mientras lo hacía girar entre sus dedos hábiles.
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Vibraciones sordas provenientes del teléfono celular de Julián rompieron la burbuja de concentración que habían logrado construir.
Él sacó el dispositivo del bolsillo de su pantalón y miró la pantalla táctil iluminada con una expresión que Allie solo pudo describir como temor contenido.
Sus hombros se tensaron al instante, y el aire pareció abandonar sus pulmones en un suspiro entrecortado mientras guardaba el teléfono de nuevo sin responder.
"¿Todo bien?", preguntó ella, sintiendo una inesperada oleada de empatía al ver el cambio tan drástico en su lenguaje corporal.
"Sí, solo es... un recordatorio de que debo volver a casa pronto para la cena de negocios de mi padre", mintió él, aunque sus ojos reflejaban una tensión que contradecía sus palabras.
Allie observó el temblor casi imperceptible en sus manos mientras intentaba concentrarse nuevamente en el mapa conceptual que tenían a medio terminar.
"Podemos dejarlo aquí si tienes prisa", propuso ella, sorprendiéndose a sí misma con la amabilidad imprevista de su propia oferta.
"No, terminemos", insistió Julián, clavando los ojos en el documento con una determinación férrea. "Odio dejar las cosas a medias, y sé que tú también".
Trabajaron durante otra media hora en un silencio concentrado, pero esta vez Allie se descubrió a sí misma observándolo de reojo con mayor frecuencia.
Notó la forma en que fruncía el ceño cuando un concepto se le complicaba, y la manera en que se mordía el labio inferior cuando estaba sumido en sus pensamientos.
Había una vulnerabilidad en su disciplina, una necesidad desesperada de complacer unas expectativas que claramente lo estaban asfixiando por dentro.
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"Listo", exclamó Julián, soltando el bolígrafo sobre la mesa con un suspiro de alivio que resonó en la biblioteca casi vacía.
Allie contempló el trabajo final. El mapa conceptual estaba impecable, combinando la estructura lógica de ella con las anotaciones precisas de él.
"No quedó nada mal", concedió ella, permitiéndose una pequeña sonrisa de orgullo por el resultado de su esfuerzo conjunto.
"Es un trabajo sobresaliente", la corrigió él, guardando sus cosas en la mochila con movimientos rápidos pero ordenados.
Ambos se pusieron de pie, sintiendo el cansancio acumulado de una larga jornada de estudio y tensiones compartidas.
Caminaron juntos por los pasillos desiertos del instituto, donde el eco de sus pasos sobre el suelo de baldosas era el único sonido que competía con la tormenta exterior.
Llegaron al vestíbulo principal, donde las puertas de vidrio mostraban el patio cubierto de agua y las luces amarillentas de las farolas reflejándose en los charcos.
Julián se detuvo cerca de la salida, girándose para encarar a Allie con una expresión suave que ella nunca le había visto antes.
"Gracias por soportarme hoy", dijo él, con una sonrisa sincera y desprovista de cualquier rastro de la habitual arrogancia de chico popular. "Sé que no soy el compañero de estudio más fácil del mundo".
"No lo eres", coincidió ella con una pequeña risa, sintiendo que la hostilidad que había guardado celosamente durante meses comenzaba a desmoronarse. "Pero trabajas bien bajo presión".
"Nos vemos mañana en clase, Allie", se despidió él, dándose la vuelta y saliendo a la lluvia con paso firme, cubriéndose la cabeza con la capucha de su chaqueta.
Allie se quedó estática junto a las puertas de vidrio, observando su figura alejarse bajo la tormenta hasta que se perdió de vista en la penumbra del estacionamiento.
Sonrió de manera involuntaria, una mueca suave y genuina que se dibujó en su rostro mientras recordaba la forma en que él había defendido su punto de vista sobre la genética sin perder la paciencia.
Sintiendo de pronto la calidez que se extendía por su pecho, Allie borró la sonrisa de inmediato, experimentando un repentino vuelco en el estómago y una punzada de incredulidad.
Sacudió la cabeza con fuerza, tratando de disipar los pensamientos extraños que amenazaban con desestabilizar su juicio sobre él.
Él seguía siendo un egocéntrico, un mimado y un dolor de cabeza constante que no encajaba en absoluto en su mundo estructurado.
Apretando las correas de su mochila con fuerza, Allie comenzó a caminar hacia la salida del colegio, incapaz de ignorar la persistente y molesta sospecha que acababa de instalarse en su mente.
Allie lo sigue viendo como un chico insoportable, pero empieza a notar que no es tan malo.