Chapter 7 of 17

Capítulo 7: Rompiendo los límites

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El calor se extendió por su piel. El beso de Pond lo había dejado sin aliento, un fuego lento que se arrastraba por sus venas. Se apartó, pero sus ojos se quedaron fijos en la intensidad inquebrantable de los de Pond. Las manos de Pond aún rodeaban su cintura, firmes, posesivas. Phuwin tragó saliva. Su mente le gritaba que retrocediera, que se alejara de ese magnetismo peligroso. Su cuerpo, sin embargo, se sentía extrañamente arraigado, anclado por el toque de Pond. "No digas nada", susurró Pond, su voz ronca, grave. Su pulgar rozó la línea de su mandíbula, un escalofrío recorrió a Phuwin. "No me arrepiento de nada. Y tú tampoco deberías hacerlo". Posesividad y deseo eran las emociones que brillaban en los ojos de Pond. No había culpa, solo una determinación férrea. Phuwin se sintió como un ciervo atrapado bajo la mirada de un depredador, paralizado y extrañamente cautivado. "Pond..." comenzó Phuwin, intentando poner voz a su confusión, a su miedo, pero Pond lo interrumpió con un suave roce en sus labios, una caricia apenas perceptible que le robó el aliento de nuevo. No era otro beso completo, sino una advertencia, una promesa. Una declaración. "Mío", murmuró Pond, tan bajo que Phuwin casi lo perdió. Su aliento cálido le acarició la piel. La palabra no fue una pregunta. Fue una afirmación. Y algo dentro de Phuwin, algo que había estado dormido, se agitó con una mezcla de terror y una punzada de algo más, algo que se negaba a nombrar. Los días siguientes fueron una prueba de fuego para Phuwin. Pond no retrocedió. Al contrario, cada interacción se volvió más íntima, más controladora. Los toques casuales se volvieron intencionados. Pond se paraba cerca, demasiado cerca, para que su presencia lo marcara. Sus manos encontraban la espalda de Phuwin al caminar, su brazo se posaba en su pierna durante reuniones, su aliento se sentía en su nuca cuando se inclinaba para susurrarle algo. Durante los almuerzos, que ahora debía tener obligatoriamente don Pond, el extendía la mano para limpiar una mancha inexistente de sus labios, con lo cual sus dedos rozaban su piel. Cada roce era una chispa, una advertencia, una afirmación silenciosa de su creciente del derecho sobre él. Phuwin se sentía como una mariposa en exhibición. Cada movimiento, cada expresión suya parecía ser monitoreada por los intensos ojos de Pond. Se encontraba conteniendo la respiración con frecuencia, su corazón acelerado, sus mejillas enrojecidas sin motivo aparente. Intentó crear distancia. Se movía ligeramente, desviaba la mirada, respondía con monosílabos. Pero Pond simplemente sonreía, una sonrisa que no alcanzaba sus ojos, y cerraba la brecha. Su insistencia era suave, implacable, imposible de eludir sin causar un conflicto directo. Una tarde, en la oficina, Pond lo sorprendió. Phuwin estaba revisando unos documentos cuando Pond entró, sus pasos silenciosos. Una mano se posó en su nuca, los dedos de Pond se abrieron, rozando el cabello de Phuwin, justo donde su cuello se unía a su cabeza. Phuwin se tensó, congelado. El toque era inesperado, íntimo, completamente fuera de lugar en el ambiente de oficina. Cerró los ojos por un segundo, el calor del tacto de Pond se extendía por su cuero cabelludo, enviando escalofríos por su columna vertebral. Pond lo giró y, como ya se había vuelto costumbre, lo beso, lento y profundo. Phuwin no se resistió. Ya no lo hacía, pues por un lado sabía que era inútil y, por otro lado, cada vez lo disfrutaba más. Pond llevaba semanas cruzando los límites de Phuwin y entonces llegó la noche de la gala de beneficencia. Phuwin se miró al espejo, sintiéndose extrañamente ajeno a su propia imagen. Pond había insistido en que usara un traje que él mismo había elegido, un diseño impecable de color azul medianoche que resaltaba el tono de su piel. Se ajustó el cuello de la camisa, sintiendo el nudo de la corbata como una soga. No era su estilo habitual, era demasiado elegante, demasiado llamativo. Pero Pond no aceptaba un no por respuesta. Pond quería que se viera... perfecto. Phuwin vio el reflejo de Pond en el espejo y se giró para ver su figura imponente en un traje oscuro que parecía hecho para él. Sus ojos recorrieron a Phuwin de pies a cabeza, una chispa de aprobación brillando en ellos. "Impecable", dijo Pond, una sonrisa lenta extendiéndose por sus labios. Se acercó, su mano extendiéndose para alisar un pliegue inexistente en la solapa de Phuwin. Sus dedos rozaron su pecho, enviando una descarga eléctrica por su cuerpo. "Exactamente como lo imaginé". Phuwin mantuvo la mirada, forzándose a no apartarse. La proximidad de Pond lo hacía sentir pequeño, envuelto. Agradeció mentalmente que el personal los dejara solos para estos momentos, ya que sus reacciones a Pond eran demasiado evidentes. Pond dejó un beso suave en sus labios. "Vamos", dijo Pond cuando se separaron, ofreciendo su brazo. "No queremos llegar tarde". El salón de baile era una explosión de luces, música y conversaciones. Copas de champán tintineaban, joyas brillaban bajo los candelabros. Phuwin se sentía como un intruso, un extraño en un mundo de ostentación al que no pertenecía. Se aferró al brazo de Pond, la multitud lo abrumaba. Personas importantes, rostros conocidos de las revistas de negocios, se acercaban a saludar a Pond, sus ojos curiosos deteniéndose en Phuwin por un momento antes de volver a la figura dominante a su lado. "¿Quién es tu joven amigo, Pond?" preguntó una mujer con una risa aguda, sus ojos evaluando a Phuwin de arriba abajo con una desaprobación apenas disimulada. Llevaba un vestido rojo que parecía gritar su estatus. "Este es Phuwin", respondió Pond, su voz tranquila, pero con un matiz de advertencia que solo Phuwin pareció captar. La mano de Pond se posó en la parte baja de la espalda de Phuwin, una señal sutil de posesión. "Está trabajando conmigo en un proyecto muy importante". El grupo de invitados intercambió miradas. Un hombre con una barba bien cuidada se rio entre dientes. "¿Un proyecto? ¿Así es como lo llamamos ahora?" Su tono era burlón y condescendiente. El color se fue del rostro de Phuwin por la vulnerabilidad que sintió al sentirse expuesto de esa manera. Ese comentario fue como poner en la hoguera su herida más profunda: la creencia de que la gente siempre se aprovecharía de él, que lo verían como un objeto y no como una persona con valor. Pond, sin embargo, no parpadeó. Su mandíbula se tensó y una vena palpitó en su sien. Su voz se volvió fría, peligrosa. "Mi vida personal no es asunto de nadie aquí. Y te sugiero que cuides tus palabras, señor Kim. Mi relación con Phuwin es estrictamente mía y no tolero el chismorreo vulgar". La temperatura en el pequeño círculo cayó. El señor Kim se encogió, la sonrisa petulante de su rostro se desvaneció. La mujer del vestido rojo se aclaró la garganta, incómoda. "Claro, Pond", murmuró el señor Kim, sus ojos esquivando los de Pond. "Solo bromeaba. No hay ofensa". Una furia silenciosa emanaba de Pond. Su mirada era como hielo, atravesando a cada persona en el grupo. "Espero que así sea", dijo Pond, su voz baja y resonante que dejaba en el aire una promesa de consecuencias. "Ahora, si nos disculpan, Phuwin y yo tenemos otros compromisos". Alejó a Phuwin del grupo, su agarre en su espalda firme, casi doloroso. Phuwin se sintió como si lo estuvieran arrastrando, pero en el fondo, una extraña gratitud se agitó en su pecho. Nadie lo había defendido así antes, nunca con tanta vehemencia. Pasaron el resto de la noche con Pond manteniendo a todos a raya. Su presencia era una barrera, una advertencia tácita de que Phuwin estaba bajo su protección. La tensión en el aire era palpable, pero Phuwin se sentía extrañamente a salvo, envuelto en la burbuja de la posesividad de Pond. Una vez salieron de la gala Pond insistió en que fueran a su Penthouse. Durante el viaje el silencio los envolvió, pesado y cargado. La adrenalina de la gala aún corría por las venas de Phuwin, con su corazón latiendo con un ritmo irregular al recordar la humillación sufrida. Se quitó la corbata, sintiendo el nudo apretado, un vestigio de la noche tensa. Pond cerró la puerta de la habitación principal detrás de ellos. La habitación era enorme, con ventanales que ofrecían una vista impresionante de las luces de la ciudad. Una cama king-size, adornada con sábanas de seda oscura, dominaba el espacio. La luz tenue de una lámpara de pie creaba un ambiente íntimo, casi sofocante. Los ojos de Pond lo buscaron, intensos, llenos de una emoción que Phuwin no pudo descifrar del todo. Se acercó, sus pasos medidos. El espacio entre ellos se redujo hasta que Phuwin pudo sentir el calor de su cuerpo. Una mano de Pond subió para acunar la mejilla de Phuwin, su pulgar acariciando la piel suavemente. "Ellos no entienden", susurró Pond, su voz suave, desprovista de la furia de antes. "No entienden nada de ti. No ven lo que yo veo". Los ojos de Phuwin se encontraron con los de Pond. Una oleada de cansancio lo invadió, un agotamiento de luchar contra sus propios sentimientos, contra la marea implacable de Pond. La adrenalina de la confrontación en la gala, la sensación de ser defendido, lo había dejado vulnerable, expuesto. "Pond..." su voz era apenas un susurro. Él lo interrumpió. Sus labios se encontraron con los de Phuwin, suaves al principio, luego más exigentes, más profundos. El beso era una promesa, un reclamo, una pregunta. Las manos de Pond se deslizaron de su rostro a su cintura, tirándolo más cerca hasta que no hubo espacio entre ellos. Phuwin se encontró respondiendo, sus propias manos subiendo tímidamente para aferrarse a los hombros de Pond. Fue un momento de abandono, de dejar ir las defensas que había construido durante tanto tiempo. El mundo se desdibujó, dejando solo la intensidad del beso, el calor del cuerpo de Pond y la fuerza de su deseo. Cuando se separaron, solo unos milímetros, sus frentes descansando una contra la otra, el aliento de Pond le rozó los labios. "Quédate conmigo esta noche, Phuwin", susurró, su voz ronca de emoción. "Deja que el mundo espere. Déjame tenerte. Solo por esta noche". Cansado de controlar lo que sentía, con la adrenalina aun fluyendo después de lo vivido en la gala, Phuwin asintió, una decisión silenciosa que sabía que cambiaría todo entre ellos.

End of Chapter 7

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