Chapter 7 of 12
La escala de Richter del dolor
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Gritos rasgaron el aire. El suelo tembló con una violencia que desafiaba la lógica, no un terremoto natural, sino una furia orquestada. Yesos y cascotes llovieron desde los edificios, la ciudad de Ópalo gimió bajo el ataque invisible.
Julie sintió la vibración en sus huesos. No era solo la resonancia de las explosiones imperiales; era una frecuencia dirigida, un pulso rítmico que buscaba fracturar los cimientos de la urbe. Ingenieros militares del Imperio habían perfeccionado el arte de la destrucción a distancia.
Paredes se agrietaban con sonidos secos, como huesos rompiéndose. Las estructuras crujían, cada eco una advertencia de colapso inminente. El aire se llenó de polvo, el olor a caliza y miedo se clavó en su garganta.
Corrió, sus botas resonando en el suelo inestable. Su mente ya calculaba, trazando patrones de fractura, buscando la contramedida. La señal de radio de Vane había sido clara: aniquilación total. Pero no con explosivos directos; con una vibración sostenida, una lenta y tortuosa desintegración.
Necesitaba un disipador, algo que absorbiera o contrarrestara la frecuencia destructiva. Su prototipo, un pequeño dispositivo del tamaño de su puño, no era suficiente. Necesitaba una infraestructura, algo masivo.
Miró hacia arriba, a las columnas de vapor que escapaban de las chimeneas industriales de Ópalo. La red de tuberías de presión de la ciudad. El vapor, bajo alta presión, era un conductor de energía. Si pudiera modular su prototipo para inyectar una frecuencia opuesta en ese sistema…
El plan era arriesgado, una improvisación sobre la marcha que podría reventar las tuberías y la ciudad con ellas. Pero no había otra opción. El tiempo se agotaba con cada temblor.