Chapter 1 of 3
Susurros de un pasado enterrado
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Era la noche del 9 de septiembre de 1990, cuando la ciudad de Tokio se iluminaba con luces de neón y un aire de misterio envolvía cada rincón. En una pequeña clínica, un llanto rompió la calma. Kimiko, una bebé preciosa de cabello plateado y ojos color plata, había llegado al mundo. Su nacimiento era un símbolo de esperanza y de renacimiento, ya que era la heredera del clan Aoi, conocido por su habilidad de proteger el orden en el pais. Sin embargo, la felicidad era breve, pues días después, un oscuro destino acechaba a su familia.
Mientras la pequeña Kimiko dormía, el clan Aoi fue atacado por el clan Kamo. Sin piedad, los Kamo capturaron a los miembros del clan Aoi, purgándolos de cualquier vestigio de resistencia. Los padres de Kimiko, en un intento por salvarla, la escondieron en una cueva secreta, lejos del caos. “Debes ser fuerte, Kimiko”, susurró su madre antes de dar el último beso. Con lágrimas en los ojos, ocultaron a su hija, mientras el horror comenzaba a desatarse en la superficie.
La trágica noche pasó, y Kimiko permaneció a salvo en su escondite. Pero fue solo un corto alivio. A la distancia, el eco de gritos resonaba y en su mente inocente, se dibujaron sombras oscuras. Cuando finalmente el silencio reinó, el único sonido que quedó fue el lamento de la pérdida. Los padres de Kimiko fueron capturados y ejecutados, dejando a su pequeña huérfana, única sobreviviente de un clan que había defendido el equilibrio en Tokio durante generaciones.
A kilómetros de distancia, un hombre alto, moreno de cabello café, con lentes oscuros, el Profesor Yaga Masamichi, sintió un extraño llamado. Se encontraba cerca del lugar por una mision de campo en referencia a la purga del clan Aoi. Mientras investigaba, se encontró con los restos del clan Aoi y susurros del Proyecto Génesis, un experimento oscuro que pretendía manipular las habilidades de los sobrevivientes. Siguió el rastro hasta la cueva donde encontró a Kimiko, durmiendo plácidamente y protegida por un halo de luz dorada. Sin dudarlo, se acercó a ella, sintiendo que estaba destinado a protegerla.
“Eres especial, pequeña”, murmuró el profesor al recogerla. “No permitiré que te hagan daño”. Se la llevó con el a la Academia de Magia y hechiceria de Tokio, donde comenzó a cuidarla y a enseñarle como defenderse del mundo. Kimiko, aunque pequeña, poseía un espíritu fuerte. Con cada día que pasaba, el profesor la instruía en tecnicas de jujutsu, ocultando el cruel pasado de Kimiko por temor a que la encontraran
Sin embargo, a medida que Kimiko crecía, las sombras del pasado la perseguían. Con solo tres años, su curiosidad la llevaba a explorar su entorno. Pasaba horas observando a los demás y soñando con reunirse con su familia. “¿Dónde están mis padres, Yaga?”, preguntó una noche, con sus ojos grises llenos de inocencia y dolor. El profesor, sintiendo su tristeza, le prometió descubrir la verdad.
Los años pasaron, y Kimiko aprendió a defenderse aunque su poder se encontraba aun dormido ella desconocía de todo lo que era capaz. Su cabello plateado brillaba como la luna, y sus ojos tenian un brillo peculiar y una belleza infinita a la edad de 15 años entro a estudiar el primer año en la Academia junto con Satoru Gojo, Suguru Geto y Shoko Ieiri en donde comienza su aventura estudiantil
Era el 9 de septiembre de 2008, el día del cumpleaños de Kimiko Hoshino, y su vida estaba a punto de cambiar para siempre. A sus dieciocho años y se encontraba estudiando el tercer año, habia estado entrenando en la Universidad Metropolitana de Magia y Hechicería de Tokio, un lugar donde los estudiantes aprendían a dominar su energía maldita. Kimiko era una chica talentosa, pero sentía que algo en su interior estaba reprimido. Siempre había escuchado rumores sobre un oscuro secreto en su familia, uno que escondía la verdadera magnitud de sus habilidades.
Ese día, Kimiko y su compañero, Suguru Geto, estaban en una misión importante de reconocimiento en un bosque denso al norte de la ciudad. Solían hablar de sus sueños y lo que querían lograr una vez que se graduaran. Suguru era un joven estratega y muy inteligente, siempre dispuesto a ayudar a Kimiko en sus esfuerzos ya que siempre ha sabido que le gusta a su mejor amigo Satoru Gojo. Sin embargo, a medida que se adentraban en el bosque, una sensación inquietante llenó el aire.
Kimiko, deberíamos volver. Hay algo extraño aquí, sugirió Suguru, mientras inspeccionaba a su alrededor.
“No seas miedoso, Suguru. Solo es un bosque. Vamos a ver qué podemos encontrar”, respondió ella, sintiendo que la curiosidad era más fuerte que el miedo.
De repente, un viento frío sopló, trayendo consigo un sutil susurro que parecía salir de las sombras. Ignorando la advertencia, continuaron su camino. Pero lo que parecía ser una simple exploración pronto se convirtió en una pesadilla. Un rugido resonante sacudió el bosque, una maldición de grado especial surgió de la tierra, un monstruo imponente con energia maldita que hacia que las piernas de ambos se paralizaran del miedo.
“¡Cuidado!” gritó Suguru, empujando a Kimiko a un lado mientras una ráfaga de energía oscura atravesaba el lugar donde ella estaba de pie un instante antes.
Kimiko se levantó rápidamente, mirando a su compañero, que ahora yacía en el suelo, cubierto de heridas. ¡Suguru! exclamó, corriendo hacia él. La angustia llenó su corazón al ver que su amigo estaba gravemente herido.
Kimiko miró la maldición que se acercaba, sintiendo como la desesperación y el miedo comenzaban a nublar su mente. En ese momento, Suguru, su mejor amigo, necesitaba su ayuda más que nunca.
“Tengo que hacer algo”, pensó mientras la maldición se lanzaba hacia ellos.
Kimiko al ver a Suguru lesionado comenzo a descontrolar su energia maldita haciendo un caos en su interior. Un calor comenzó a llenar su interior, y en un instante, la energía que siempre había estado oculta comenzó a fluir de manera descontrolada y erratica. Abriendo los ojos, sintió una conexión con la naturaleza a su alrededor, incluso con la maldición que los amenazaba encerrando a todos en un círculo lleno de energía maldita.
La energía de Kimiko oscureció todos los rincones del bosque dentro de ese círculo y la sombra comenzó a desvanecerse. En un instante, la maldición fue disolviendose.
Cuando la calma regresó el circulo de energia maldita se disipó, Kimiko cayó de rodillas, exhausta con un fuerte zumbido en su cabeza, Suguru herido y aun en shock por la escena que presencio alcanzo a Kimiko antes de que cayera al suelo inconsciente mientras gritaba su nombre .
“¡Kimiko!..., reciste un poco, te llevare de vuelta a la academia"
Mientras el dolor de cabeza de Kimiko era insoportable antes de desmayarse con dificultad le pidió a Suguru que no hablara de esto con nadie ni siquiera en el informe para los ancianos y quedo inconsciente. Suguru la cargo en sus brazos y con la ayuda de su técnica usando sus maldiciones llevo a Kimiko de regreso a la academia.