Chapter 13 of 25

Chapter 13: Rumores

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Los susurros seguían a Allie por el pasillo de baldosas como un humo venenoso. Cada vez que giraba la cabeza encontraba miradas furtivas, codazos discretos y risas burlonas. Ayer había sido una estudiante becada y tranquila. Hoy era una marginada. Caminando con la cabeza en alto, apretó las correas de su mochila hasta que sus dedos quedaron entumecidos. Todo era una actuación. Ella y Julián habían acordado fingir que eran unos completos desconocidos para evitar que el padre de él destruyera su futuro. Pero alguien ya había envenenado el ambiente. —Mírenla —se burló una voz cerca de los casilleros—. Fingiendo que pertenece a este lugar. Miranda estaba en el centro de un pequeño grupo de estudiantes chismosos, con los labios curvados en una sonrisa afilada y victoriosa. Sostenía su teléfono como si fuera un arma, mostrando la pantalla a las chicas que la rodeaban. Un sudor frío recorrió la nuca de Allie, pero no se detuvo. Mantuvo la vista fija en la puerta del salón al final del pasillo, ignorando la presión que quemaba en su pecho. --- Los salones de clase no ofrecían ningún refugio contra los cuchillos invisibles que cortaban el aire. Julián estaba sentado tres filas más allá, con la postura rígida y la mirada fija en el tablero. Estar tan cerca y, al mismo tiempo, sentirse tan lejos era una nueva forma de tortura. Tenía los puños cerrados dentro de los bolsillos, con los nudillos completamente blancos. Una nota doblada cayó sobre el pupitre de Allie, lanzada desde algún lugar detrás de ella. «¿De verdad pensaste que un chico como Julián se quedaría con un caso de caridad?», decía el papel. Allie lo arrugó en su puño mientras su corazón golpeaba con fuerza contra su pecho. Leo se inclinó desde el pupitre de al lado y le susurró algo a Julián. —Amigo, tienes que ver lo que Miranda está publicando en el foro del colegio. —Cállate, Leo —espetó Julián con un gruñido bajo y peligroso. La ira recorría sus venas, caliente y descontrolada, pero se obligó a apartar la mirada de Allie. Quería abrazarla. Quería gritarle a todo el salón que se callara. Pero tenía que interpretar el papel del exnovio indiferente, rezando para que su silencio pudiera protegerla. --- Llegó la hora del almuerzo, trayendo consigo la verdadera tormenta. Allie estaba sentada sola en una mesa del rincón de la cafetería, moviendo la ensalada con el tenedor mientras sus manos temblaban. Una sombra cayó sobre su mesa, acompañada por el aroma de un costoso perfume de vainilla. —¿Nos permites sentarnos? —preguntó Miranda, aunque ya estaba sacando la silla frente a Allie sin esperar una respuesta. Al levantar la vista, Allie se encontró con la sonrisa satisfecha de Miranda. —Preferiría estar sola, Miranda —respondió con la voz lo más serena posible. —Oh, estoy segura de que sí —rió Miranda. Su risa áspera atrajo la atención de las mesas cercanas. Varios estudiantes giraron la cabeza, sonriendo con expectativa ante el espectáculo. —Todos conocemos tu pequeño secreto, Allie —susurró Miranda, inclinándose sobre la mesa. —No tengo secretos. —¿Ah, no? Mi padre tiene una empresa que hace obras de caridad, así que reconozco una estafa cuando la veo. —Conseguirte esa beca no fue por mérito. Todos sabemos que usaste tus encantos con los donantes y luego intentaste atrapar a Julián para asegurar tu lugar aquí. Varias exclamaciones de sorpresa recorrieron la cafetería. Allie sintió que toda la sangre abandonaba su rostro. Su pecho se cerró tanto que apenas podía respirar. —Eso es mentira —susurró con la voz temblorosa. —¿Lo es? —sonrió Miranda mientras sacaba su teléfono—. Porque la junta ya está revisando tu expediente académico. Una chica de tu barrio no pertenece a una institución tan prestigiosa como esta. --- Tras recibir un papel rojo de citación, Allie caminó hacia la oficina del director al terminar la última clase. Sentía las piernas pesadas, como si cada paso requiriera un enorme esfuerzo. Al atravesar las puertas dobles del edificio administrativo, notó que la secretaria la observaba con compasión. El director Vargas estaba sentado detrás de un enorme escritorio de caoba, con expresión preocupada y agotada. A su lado se encontraba una figura conocida e imponente. Mauricio Valenzuela. El padre de Julián permanecía de pie como una estatua, con el rostro tallado en piedra y una autoridad imposible de ignorar. —Tome asiento, señorita Álvarez —dijo el director Vargas, señalando la silla de cuero frente al escritorio. Allie obedeció, manteniendo la espalda recta y negándose a mostrar el temblor de su cuerpo. —¿Ocurre algo, director? —Hemos recibido varias denuncias muy graves sobre su integridad académica y su conducta —respondió Vargas mientras acomodaba sus gafas. —Eso es mentira. Nunca he hecho trampa. Mis calificaciones son fruto de mi esfuerzo. Mauricio dejó escapar una risa baja y burlona antes de dar un paso al frente. —Una institución de este nivel no puede tolerar jóvenes de moral cuestionable —dijo con un tono cargado de desprecio. —Mucho menos aquellas que utilizan su posición para manipular a estudiantes de familias respetables. —Yo no he manipulado a nadie —respondió Allie, sosteniéndole la mirada. —Su opinión es irrelevante —cortó Mauricio—. La junta de donantes ya fue informada. Personalmente recomendé la suspensión inmediata de su ayuda financiera. Las lágrimas amenazaron con salir de los ojos de Allie, pero hizo todo lo posible por contenerlas. No iba a llorar delante de aquel hombre. —No puede hacer esto... —susurró. —Puedo hacer todo lo que sea necesario para proteger a mi hijo y a este colegio de parásitos como usted —respondió Mauricio. --- La noticia de lo ocurrido en la oficina se extendió por todo el colegio como un incendio. Julián escuchó los rumores mientras estaba cerca del gimnasio con varios compañeros del equipo. Ya no le importaba el plan. Ya no le importaba la falsa ruptura. Echó a correr por el pasillo, apartando a los estudiantes que encontraba a su paso, mientras su corazón golpeaba con fuerza contra su pecho. Abrió de golpe las pesadas puertas de la administración, ignorando el sobresalto de la recepcionista. Empujó la puerta de la oficina privada del director y entró como un huracán. Dentro, Allie estaba de pie, temblando, con las lágrimas finalmente deslizándose por sus mejillas, mientras Mauricio se alzaba frente a ella. —Lárgate de este colegio —decía Mauricio con una voz baja y cruel. —¡Basta! —rugió Julián, colocándose inmediatamente entre su padre y Allie. Su pecho subía y bajaba con fuerza, y su rostro estaba completamente enrojecido por la rabia. Protegió a Allie con su propio cuerpo mientras clavaba la mirada en el rostro sorprendido de su padre. —Julián... —advirtió Mauricio con un tono amenazante—. Hazte a un lado. Solo estás haciendo el ridículo. —¡Dije que te alejaras de ella! —gritó Julián con una voz que hizo vibrar los cuadros de cristal colgados en las paredes. —¡No vuelvas a hablarle así nunca más! —rugió, cerrando los puños con fuerza mientras miraba a su padre con un odio absoluto.

End of Chapter 13