Chapter 2 of 2
Capítulo 2: Un choque de mundos opuestos
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Frío metal rozaba su muñeca desnuda.
Jungwon se frotó la piel pálida donde solía descansar su pulsera de oro blanco, sintiendo el vacío quemarle como una marca de hierro al rojo vivo. Aquel estúpido becado de chaqueta de cuero se había atrevido a tocarlo, a desafiarlo en público, y ahora su herencia familiar estaba perdida en algún rincón del campus.
Cicatrices invisibles de la humillación matutina le ardían en la piel con cada respiración. No podía dejar de pensar en la sonrisa burlona de su agresor, en la forma en que sus ojos oscuros habían escaneado su debilidad sin un ápice de temor. Nadie en esta universidad se atrevía a mirarlo de esa manera, mucho menos un don nadie que dependía de la caridad institucional para pagar sus libros.
Tacones de sus mocasines de marca golpeaban el suelo del aula de Macroeconomía Avanzada con un ritmo impaciente y sordo. Jungwon observaba el anfiteatro con una mezcla de aburrimiento y desdén, cruzado de brazos para ocultar el temblor de sus manos. El aire acondicionado soplaba una brisa helada que no lograba calmar el fuego que llevaba dentro.
Murmullos apagados llenaban el espacio escalonado mientras los estudiantes tomaban sus asientos. La mayoría de ellos pertenecía a las familias más ricas de la ciudad, pero incluso entre la élite, Jungwon reinaba en una categoría aparte. Su rostro angelical y su apellido eran suficientes para silenciar cualquier conversación, aunque hoy los susurros tenían un matiz diferente, cargado de una curiosidad venenosa.
Estudiantes de todas las carreras ya debían de conocer los detalles del altercado en la cafetería. Las noticias corrían rápido en una comunidad donde el chisme era la moneda de cambio más valiosa. Jungwon fingió leer un documento en su tableta de última generación, ignorando olímpicamente las miradas furtivas que le lanzaban desde las filas superiores.
De repente, la puerta trasera se abrió con un crujido molesto que interrumpió el murmullo general. Jay entró al aula con esa maldita calma que ponía a cualquiera de los nervios, goteando un poco de agua de lluvia sobre el suelo pulido. Su chaqueta de cuero desgastada lucía parches viejos, y sus botas de combate dejaban marcas húmedas a cada paso.
Jay caminó hacia la parte superior del anfiteatro sin mirar a nadie en particular, desprendiendo una confianza áspera que desentonaba con el lujo del entorno. No parecía un estudiante preocupado por encajar; parecía un lobo que se había metido por error en un corral de ovejas de diseñador.
Ojos oscuros y afilados se cruzaron con los de Jungwon por un breve segundo. El becado alzó una ceja, deteniendo su paso antes de sentarse tres filas más abajo. Una sonrisa ladina, casi imperceptible, curvó la comisura de sus labios, un recordatorio silencioso de que poseía algo que a Jungwon le pertenecía.
Apretando los puños debajo de la mesa de madera noble, Jungwon desvió la mirada hacia el frente, sintiendo que la sangre se le acumulaba en las sienes. No iba a rebajarse a darle el gusto de una confrontación visual. Se mantendría frío, intocable, como el príncipe que todos esperaban que fuera.
Profesor Park entró al aula arrastrando un maletín de cuero gastado que parecía haber visto mejores décadas. Era un hombre de cabello grisáceo y mirada severa, inmune al encanto de los apellidos influyentes y famoso por su implacable nivel de exigencia. Dejó caer sus carpetas sobre el estrado con un golpe seco que exigió atención inmediata.
—Buenas tardes —dijo el profesor, acomodándose las gafas sobre el puente de la nariz—. Guarden sus dispositivos de entretenimiento. Hoy no perderemos el tiempo con conceptos básicos que ya deberían dominar. Vamos a hablar de su proyecto semestral.
Gemidos colectivos y lamentos ahogados recorrieron las filas de asientos de inmediato. La reputación de los proyectos de Park era legendaria por su dificultad extrema.
—Silencio —ordenó el docente con una voz que no admitía réplicas—. Este proyecto de campo representará el cincuenta por ciento de su nota final. No habrá exámenes de recuperación ni trabajos extra para salvar a los rezagados. Si reprueban esto, reprueban la materia y su graduación se pospondrá un año entero.
Enderezando la espalda, Jungwon clavó la mirada en la pizarra, su mente analítica calculando ya las horas de estudio necesarias. Las calificaciones perfectas eran su única garantía de supervivencia frente a la tiranía de su padre, el único escudo que impedía que lo retiraran del campus para encerrarlo en la sede corporativa.
—Para asegurar una perspectiva objetiva —continuó el profesor, paseando la mirada por el aula con una sonrisa casi sádica—, yo mismo he seleccionado las parejas. He cruzado sus perfiles socioeconómicos e ingresos familiares para obligarlos a salir de sus burbujas de privilegio. Quiero un análisis real de la disparidad de mercado.
Malos presentimientos comenzaron a florecer en el pecho de Jungwon, una fría opresión que le dificultó la respiración por un instante.
—Empecemos —anunció el profesor Park, abriendo una carpeta azul—. Lee con Choi. Kim con Watanabe. Min con Kang...
Nombres de herederos inútiles y estudiantes promedio pasaron de largo mientras Jungwon esperaba que pronunciaran el suyo, rezando internamente para que lo emparejaran con alguien a quien pudiera controlar fácilmente con su influencia o su dinero.
—Yang Jungwon —pronunció el profesor, deteniéndose para mirar directamente al joven.
Aire pareció faltar en los pulmones de Jungwon en ese preciso instante.
—Trabajará con Park Jay —sentenció el profesor Park, bajando la vista hacia la lista como si acabara de dictar una sentencia ordinaria.
Silencio absoluto cayó sobre el aula, denso y cargado de una tensión que casi podía cortarse con un cuchillo. Nadie se atrevía a respirar.
—¿Qué? —la palabra escapó de los labios de Jungwon antes de que su habitual filtro de educación pudiera detenerla, su voz sonando extrañamente aguda en la quietud de la sala.
Cabezas curiosas y rostros llenos de asombro se giraron hacia él de inmediato, deleitándose con la grieta que acababa de abrirse en su fachada perfecta.
—¿Tiene algún problema con mi distribución académica, señor Yang? —preguntó Park, enarcando una ceja gris con evidente desafío.
Poniéndose de pie con una elegancia fingida, Jungwon intentó recuperar el control de la situación, apoyando las yemas de sus dedos sobre la mesa para ocultar su temblor. Su rostro era una máscara de hielo pulido.
—Profesor, con todo respeto, considero que mi rendimiento académico exige un compañero con un historial de competencias similar al mío. No puedo permitir que mi promedio se vea afectado por dinámicas de trabajo inadecuadas o diferencias en el enfoque de estudio.
—Mis estándares de evaluación son los únicos que importan en esta aula, señor Yang —respondió el profesor con una frialdad cortante—. Y considerando el vergonzoso altercado que ambos protagonizaron esta mañana en la cafetería, considero que esta sociedad les enseñará el valor de la tolerancia profesional. Su primer informe se entrega en dos semanas.
Jay, sentado unas filas más abajo, se echó hacia atrás en su asiento con una lentitud exasperante, cruzando los brazos sobre el pecho mientras observaba la desesperación de Jungwon con un brillo de pura diversión en los ojos.
—No me joda —masculló Jungwon entre dientes, sintiendo que la ira le subía por el cuello como un veneno caliente. La humillación de tener que trabajar con su enemigo era insoportable.
Caminando con paso firme y la cabeza en alto, Jungwon bajó las escaleras del anfiteatro apenas el profesor dio por terminada la explicación general y permitió que los estudiantes comenzaran a discutir. Ignoró los murmullos que lo seguían como un echo molesto, dirigiéndose directamente al escritorio del docente.
—Profesor Park —dijo con un tono diplomático impecable, bajando la voz para que solo el hombre pudiera escucharlo—. Necesitamos llegar a un acuerdo privado sobre esta asignación.
Hombres de negocios no aceptaban un no por respuesta, y Jungwon había sido entrenado por el mejor de ellos. Sabía que todo el mundo tenía un precio, especialmente los académicos que dependían de los presupuestos universitarios.
—Mi familia ha estado considerando realizar una donación sumamente importante a la facultad este semestre —sugirió Jungwon, inclinándose ligeramente hacia el escritorio con una sonrisa ensayada—. El departamento de economía carece de un laboratorio de simulación financiera de última generación. Mi padre estaría encantado de financiar la construcción completa a cambio de... optimizar mi asignación en este proyecto.
Dedos pálidos se apoyaron en la madera del escritorio, mostrando una seguridad que Jungwon no sentía en su interior. Estaba desesperado. No podía permitir que Jay estuviera cerca de él, no cuando el becado parecía capaz de ver a través de todas sus defensas.
—¿Estás intentando comprar tu nota, Yang? —la voz áspera y burlona interrumpió su negociación.
Gélido aire pareció congelar la sala cuando Jungwon se giró lentamente, encontrándose con Jay de pie a menos de un metro de distancia. El becado sostenía su mochila desgastada sobre un hombro, sus ojos oscuros fijos en él con un desprecio que le revolvió el estómago.
—No te metas en esto, muerto de hambre —siseó Jungwon, sus ojos inyectados en una rabia que amenasaba con desbordarse.
—¡Escuchen todos! —gritó Jay de repente, su voz resonando con una fuerza brutal que acalló cualquier otro sonido en el anfiteatro.
Murmullos cesaron al instante. Decenas de estudiantes se congelaron en sus lugares, volviéndose hacia el frente con los ojos abiertos de par en par.
—¿Qué demonios estás haciendo? —susurró Jungwon, sintiendo que el pánico real le oprimía el pecho como una garra de hierro.
—Parece que el heredero de la fortuna Yang no puede manejar un simple proyecto de clase por sí mismo —se burló Jay, hablando con una claridad demoledora—. Está ofreciendo comprar un laboratorio entero de simulación financiera a cambio de que el profesor le cambie de pareja. ¿No es tierno? El dinero de papá al rescate porque el niño bonito tiene miedo de trabajar con la clase trabajadora.
Rumores y jadeos de asombro estallaron en cada esquina del salón. Algunos estudiantes comenzaron a sacar sus teléfonos disimuladamente para grabar la escena. El nombre de Jungwon, siempre asociado a la perfección y al estatus inalcanzable, estaba siendo arrastrado por el barro de la manera más pública posible.
—¡Cállate! —exclamó Jungwon, perdiendo los estribos por completo. Su fachada de príncipe de hielo se agrietó, revelando la furia cruda y el pánico que guardaba en su interior—. ¡No tienes idea de lo que estás hablando!
—¡Señor Yang! —el grito del profesor Park cortó el aire como un látigo, su rostro completamente enrojecido por la indignación y la vergüenza de haber sido expuesto de esa manera—. ¡Esto es un insulto a mi integridad académica! No me importa quién sea su padre o cuántos millones posea su familia. Si vuelvo a escuchar una sola palabra sobre donaciones o influencias en mi clase, lo reportaré directamente al rector para su expulsión inmediata.
Explicaciones inútiles murieron en los labios de Jungwon ante la mirada implacable del docente. Sentía que el suelo se abría bajo sus pies, rodeado de miradas burlonas y sonrisas de satisfacción de aquellos que siempre habían querido verlo caer.
—Suficiente —sentenció el profesor, visiblemente decepcionado—. Hará el proyecto con el señor Park, o puede abandonar mi materia ahora mismo y aceptar las consecuencias académicas. Decida.
Humillación cruda tiñó sus mejillas de un rojo ardiente. El silencio del aula era una tortura, rota únicamente por el zumbido sordo del proyector.
—Hará el proyecto con el señor Park —concluyó el hombre, dando por terminada la discusión al recoger sus carpetas con brusquedad.
Ninguna palabra pudo salir de su boca seca. Jungwon se limitó a asentir levemente, sintiendo que su orgullo había sido destruido de forma irreversible por el chico que ahora lo miraba con superioridad.
—Espero que seas bueno investigando, socio —susurró Jay al pasar por su lado, dándole un leve empujón en el hombro que terminó de desestabilizarlo antes de salir del aula.
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Apretando los dientes con fuerza, Jungwon empujó las puertas dobles del edificio de economía, saliendo al exterior con el corazón latiéndole desbocado en el pecho. Sus manos, ocultas en los bolsillos de su abrigo de diseñador, temblaban de rabia y vergüenza.
Viento otoñal golpeó su rostro, pero la furia que llevaba dentro seguía intacta, quemándole la garganta. Sentía que cada estudiante que se cruzaba en su camino lo miraba con burla, como si la noticia de su humillación ya se hubiera extendido por todo el campus.
Caminó a paso rápido por el sendero arbolado, huyendo de las miradas y buscando la relativa soledad del área del lago. Su mente era un caos de pensamientos oscuros. ¿Cómo se atrevía ese becado a ponerlo en evidencia de esa manera? ¿Cómo se atrevía a destruir su reputación?
Amenazas de su padre resonaban en su cabeza como una sentencia de muerte inminente. 'Mantén la reputación intacta o piérdelo todo'. Si su padre descubría que su nombre estaba envuelto en un escándalo de soborno académico, cumpliría su promesa sin dudarlo un segundo.
Sacando su teléfono con dedos temblorosos, buscó la aplicación de mensajería para contactar a su asistente, necesitando desesperadamente una forma de controlar los daños antes de que fuera demasiado tarde.
Notificaciones prioritarias brillaron en la pantalla táctil, deteniendo sus dedos antes de que pudiera escribir una sola letra.
Mensajes oficiales de la universidad no solían llegar a esta hora del día, lo que hizo que un frío repentino le recorriera la espina dorsal.
Abriendo el correo con el corazón desbocado, leyó las devastadoras palabras que acababan de llegar a su bandeja de entrada oficial.
"Estimado estudiante Yang Jungwon. Por medio de la presente, se le comunica que su matrícula de honor y los beneficios de exención de pago asociados a su rendimiento académico han sido suspendidos temporalmente. Esta oficina ha iniciado una investigación formal sobre un presunto caso de favoritismo financiero e irregularidades en los registros de donaciones familiares vinculados a su expediente académico. Deberá presentarse en la oficina del decano mañana a primera hora para esclarecer su situación actual."