Chapter 1 of 2

El Silencio Roto

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Un grito ahogado rasgó el delgado velo del sueño. Sayori se incorporó de golpe, la manta enrollada en su cintura. Su corazón martilleaba contra sus costillas, un tambor frenético en el silencio opresivo que siguió. La oscuridad de la sala del club de literatura parecía más densa de lo habitual, las sombras alargándose como dedos ganchudos. Escuchó de nuevo. No era un grito de dolor, sino uno de horror ahogado, como si alguien hubiera puesto una mano sobre una boca abierta para silenciarlo. Provenía del pasillo exterior. Un escalofrío helado recorrió su columna vertebral, erizando los vellos de sus brazos. No era un ruido normal del instituto. Era algo… diferente. Sentada en el viejo sofá de terciopelo, Sayori parpadeó en la penumbra. La lámpara de pie, que Monika solía dejar encendida, estaba apagada. Pequeños rayos de luz lunar se colaban por las ventanas, proyectando formas fantasmales sobre los libros apilados y los pupitres desordenados. Algo estaba terriblemente mal. Monika, recostada sobre su escritorio con la cabeza apoyada en sus brazos, no se movió. Natsuki dormitaba en un sillón, su pequeño cuerpo acurrucado bajo una capa. Yuri, como siempre, había elegido el rincón más apartado, inmersa en un libro incluso en sus sueños, su postura elegante y casi inmóvil. ¿Habían oído el grito? Sayori contuvo la respiración, esperando. La quietud era antinatural, pesada. El aire se sentía espeso, cargado de una expectativa aterradora. Cada fibra de su ser gritaba que se quedara quieta, que no hiciera ruido, que no atrajera la atención. Pero el miedo la punzaba. Ese grito. No podía ignorarlo. Su mente, que usualmente se llenaba de colores brillantes y pensamientos alegres, ahora solo veía grises. Un pozo de ansiedad se abrió en su estómago, amenazando con devorarla. La fachada de felicidad que tan cuidadosamente mantenía se resquebrajaba bajo la presión. Se deslizó del sofá, sus pies descalzos tocando el frío suelo de madera. Caminó de puntillas hacia la puerta. La manija de metal era fría bajo sus dedos temblorosos. Dudó. ¿Qué encontraría al otro lado? La imaginación, su antigua aliada, ahora era una torturadora, pintando escenarios sangrientos y horribles. Movió la manija con extrema lentitud. El pestillo cedió con un pequeño clic, un sonido estruendoso en el silencio. Abrió la puerta apenas una rendija. La oscuridad del pasillo era total, una boca abierta. No había luces de emergencia, ni el zumbido habitual del sistema de ventilación. Solo un vacío absoluto. Entonces, un nuevo sonido. Un arrastre. Un arrastre húmedo y raspante, acercándose. Sayori jadeó, cerrando la puerta con un golpe silencioso. Su mano temblaba tanto que apenas pudo girar el pestillo. Se apoyó contra la madera, el corazón desbocado. Esto no era un sueño. Esto era real. Monika levantó la cabeza de golpe, sus ojos verdes abriéndose de par en par. Miró a Sayori, luego a la puerta. Su expresión, antes serena en el sueño, se transformó en una mezcla de confusión y alarma. "¿Sayori? ¿Qué pasa?" su voz era un susurro ronco, apenas audible. Natsuki se revolvió, frotándose los ojos con el dorso de su mano. "¿Qué demonios? ¿Qué fue ese ruido?" exigió, su tono ya irritado, a pesar de la modorra. "¿No podéis ser un poco más silenciosas?" Su enojo habitual era una máscara, incluso ahora. Yuri, con una rapidez sorprendente, ya no leía. Estaba sentada, rígida, su mirada fija en la puerta. Sus ojos violetas, usualmente profundos y reflexivos, estaban ahora agudos, alertados. No había necesidad de que nadie dijera nada. Ella también lo había escuchado. "Hay... hay algo fuera," Sayori logró articular, su voz temblaba. Se abrazó a sí misma, buscando consuelo en el contacto. "Un grito. Y ahora... ahora algo se arrastra." La piel se le erizó de nuevo. El arrastre parecía más cerca, más definido. Como el roce de carne contra el linóleo, mezclado con un gruñido bajo y gutural. Monika se puso de pie, su silla rechinando. Caminó hacia la puerta, su postura tensa, pero aún irradiando una falsa calma. "Espera, Sayori. No te precipites. Tal vez solo sea... un animal. O los conserjes." Pero su voz carecía de convicción. Su mirada se desvió hacia la ventana, como si buscara respuestas en la oscuridad exterior. Natsuki se levantó de su asiento, sus pequeñas manos apretadas en puños. "¿Animal? ¿En el pasillo del instituto? ¡No seas estúpida, Monika!" siseó, pero había un tono de miedo apenas disimulado en su agresión. Miró a Yuri, buscando confirmación. Yuri solo negó con la cabeza, su rostro pálido. "No es un animal, Monika," dijo Yuri en voz baja, su voz rasposa. "El ruido. No es natural." Se acercó a la puerta también, su mano extendiéndose lentamente hacia Sayori. Sayori se encogió, temblorosa, pero se aferró a la mano fría de Yuri, buscando un ancla. Desde fuera, el gruñido se hizo más fuerte, y luego, un golpe. Un golpe seco y pesado contra la puerta. Como si algo se hubiera lanzado contra ella con fuerza bruta. Las tres chicas retrocedieron instintivamente, tropezando unas con otras. El miedo ahora era una entidad palpable en la pequeña sala del club. Monika recuperó la compostura con un esfuerzo visible. "Tenemos que bloquear la puerta," ordenó, su voz ahora firme, la líder emergiendo. "Rápido. Empujad el escritorio contra ella." Se lanzó hacia el pesado escritorio de madera, empujándolo con todas sus fuerzas. Natsuki y Yuri la siguieron, sus miedos momentáneamente superados por la necesidad de actuar. Sayori se unió a ellas, empujando con todo su peso, el metal y la madera crujiendo con el esfuerzo. Otro golpe. La puerta se arqueó ligeramente hacia adentro. Un olor fétido, a carne podrida y algo dulzón, se filtró por la rendija. Un hedor nauseabundo que hizo que Sayori gimiera, su estómago revuelto. Consiguieron mover el escritorio, bloqueando la puerta. El gruñido y los golpes continuaron, pero ahora la barrera ofrecía una resistencia. El sonido se amortiguó, pero no desapareció. Estaban atrapadas. El club de literatura, su refugio seguro, se había transformado en una jaula, y algo monstruoso intentaba entrar. El cristal de la ventana era la única fuente de luz, un rectángulo grisáceo que mostraba apenas el contorno de los árboles meciéndose afuera. Monika se acercó, tratando de ver algo, cualquier cosa que explicara el horror que se desataba. Acercó su rostro al vidrio frío, sus ojos escudriñando la oscuridad. Un golpe. No en la puerta. En la ventana. Un sonido seco y contundente, seguido de un crujido. Las tres chicas gritaron al unísono, sus voces ahogadas por el pánico. El cristal se agrietó, las fisuras extendiéndose como una telaraña. Monika retrocedió, su respiración superficial, sus ojos desorbitados. El cristal de la ventana se hizo añicos, y una mano pálida y putrefacta se estiró hacia el interior, rozando el brazo de Monika.

End of Chapter 1

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Chapter 1: El Silencio Roto - Doki doki el club de la muerte | Novel AI Studio