La noche había caído sobre el Centro Turístico Valle Luna.
Mientras la mayoría de los estudiantes permanecía en sus habitaciones, Zeyk decidió salir un rato a la azotea. Allí arriba no había prácticamente nadie.
El aire nocturno era fresco y la iluminación del centro turístico apenas alcanzaba aquella zona.
Frente a él se extendían las montañas, iluminadas tenuemente por la luz de la luna.
Sobre ellas, un cielo despejado dejaba ver una gran cantidad de estrellas.
Zeyk apoyó los brazos sobre la baranda y contempló el paisaje durante unos segundos.
—Esto no es tan malo.
Por primera vez desde que había llegado al lugar, no había profesores, compañeros molestos ni conversaciones que soportar.
Solo el viento, las montañas y el cielo nocturno.
Y por unos minutos, simplemente disfrutó de la tranquilidad.
Zeyk permaneció apoyado sobre la baranda, observando el cielo despejado.
Entonces, una pequeña luz cruzó rápidamente entre las estrellas.
Sus ojos siguieron el movimiento hasta que desapareció detrás de las montañas.
—¿Eh?
Se quedó unos segundos mirando el mismo punto.
—¿Eso fue una estrella fugaz?
No estaba completamente seguro. Había sido demasiado rápida.
Zeyk sonrió ligeramente y volvió a mirar hacia el cielo.
—Bueno... supongo que tuve suerte.
La noche continuó tranquila, con el viento fresco de la montaña pasando a su alrededor mientras las estrellas seguían brillando sobre él.
La mañana del sábado llegó sin mayores novedades.
Después del desayuno, los estudiantes tenían tiempo libre antes de las actividades programadas. Algunos se quedaron conversando cerca del centro turístico, otros salieron a recorrer los alrededores y algunos simplemente aprovecharon para descansar.
Zeyk estaba tranquilo, hasta que Tomy apareció.
Y por la expresión que llevaba, definitivamente no venía a conversar.
Tomy se plantó frente a Zeyk.
—Tenemos que hablar.
Zeyk lo miró con cierta indiferencia.
Tomy señaló discretamente hacia donde estaba Lena conversando con otras compañeras.
—Es por Lena.
Algunos estudiantes cercanos comenzaron a prestar atención.
Tomy cruzó los brazos.
—No sé qué juego estás jugando, pero desde que llegamos no haces más que estar cerca de ella.
Un par de compañeros intercambiaron miradas.
—¿Y? —preguntó alguien.
Tomy ignoró el comentario.
—Así que te lo voy a decir directamente, Zeyk. Aléjate de ella.
La situación comenzó a llamar cada vez más la atención.
Lena, que estaba a cierta distancia, notó que algo ocurría y miró hacia ellos.
Tomy dio un paso hacia Zeyk.
—Si quieres demostrar que no eres un cobarde, pelea conmigo.
El ambiente cambió inmediatamente.
Algunos estudiantes comenzaron a murmurar.
—¿En serio va a pelear?
—Por una chica...
—Este tipo está loco.
Lena abrió los ojos al escuchar aquello.
—¿Tomy, qué estás haciendo?
Pero Tomy no apartó la mirada de Zeyk.
Por primera vez desde que había comenzado el viaje, la rivalidad entre ambos parecía estar a punto de convertirse en algo mucho más serio.
Tomy se quedó mirándolo, claramente sorprendido por la respuesta.
Zeyk no parecía intimidado ni interesado en aceptar el reto.
—Ok, ¿ya quedaste tonto o venías así de fábrica? A ella no le interesas y yo no estoy intentando nada con ella. ¿Por qué pelearía contigo?
Algunos de los estudiantes alrededor soltaron risas.
—¡Ufff!
—Le dio durísimo.
Tomy apretó los puños.
—¡No hables como si supieras lo que Lena quiere!
Lena, que estaba escuchando desde unos metros, frunció el ceño.
—Tomy...
Él se giró hacia ella.
—¡Solo estoy intentando aclarar las cosas!
—Pues no tienes nada que aclarar —respondió Lena—. Yo puedo decidir con quién hablo.
Tomy volvió a mirar a Zeyk.
—¡Siempre tienes una excusa!
Zeyk arqueó una ceja.
—No es una excusa. Es sentido común.
La tensión volvió a aumentar.
Y aunque Zeyk no había buscado ninguna pelea, Tomy parecía cada vez más decidido a provocarlo.
Zeyk lo miró durante un segundo, completamente inexpresivo.
—Idiota, ja.
Y simplemente se dio la vuelta.
La reacción fue inmediata.
Uno de los compañeros de Tomy soltó una carcajada.
—¡JAJAJA! ¡Ni siquiera se molestó!
Tomy se quedó con la mandíbula apretada.
—¡¿Eso es todo?!
Zeyk levantó una mano sin siquiera voltearse.
—Sí.
Algunos estudiantes comenzaron a reírse nuevamente.
Lena negó con la cabeza, divertida.
—Tomy, déjalo ya.
Pero aquello parecía ser precisamente lo que más molestaba a Tomy.
Había intentado provocar una pelea y Zeyk ni siquiera parecía dispuesto a tomárselo en serio.
Zeyk apenas había dado unos pasos cuando Tomy, completamente cegado por la rabia, se acercó por detrás.
Sin advertencia alguna, lanzó un golpe.
El impacto tomó a Zeyk completamente desprevenido y lo hizo perder el equilibrio, cayendo al suelo.
El ambiente quedó en silencio durante un instante.
—¡¿Tomy?! —exclamó Lena, horrorizada.
Varios estudiantes comenzaron a murmurar.
—Eso fue por la espalda...
—¡¿Qué demonios te pasa?!
Uno de los compañeros de Tomy incluso dio un paso atrás, sorprendido por lo que acababa de hacer.
Tomy respiraba agitado, todavía con los puños cerrados.
—Te dije que no te metieras conmigo.
Lena se acercó rápidamente hacia Zeyk, mientras otros estudiantes miraban a Tomy con evidente desaprobación.
—¡Eso fue completamente cobarde! —le reclamó ella.
Tomy no respondió.
Por primera vez desde que había comenzado aquella discusión, incluso algunos de sus propios amigos parecían incómodos con él.
Zeyk se incorporó lentamente, todavía sorprendido por el golpe que había recibido.
Miró a Tomy.
—Ok, ¿quieres jugar?
Tomy apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Zeyk se lanzó hacia él y le conectó un golpe que lo dejó completamente fuera de combate. Tomy cayó al suelo ante la mirada atónita de los demás estudiantes.
—¡¿ZEYK?! —exclamó Lena.
El alboroto hizo que el profesor apareciera rápidamente.
—¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ?!
Al ver a Tomy en el suelo, el profesor corrió hacia ellos y ordenó a los estudiantes que se apartaran.
—¡Los dos! ¡A sus habitaciones, ahora mismo!
Zeyk miró al profesor, todavía molesto.
—Pero él...
—¡No quiero escuchar excusas!
Tomy comenzó a recuperar el conocimiento mientras algunos compañeros lo ayudaban a incorporarse.
El profesor señaló primero a Zeyk.
—Tú fuiste quien terminó golpeándolo.
—¡Porque él me atacó por la espalda!
—¡Y tú respondiste con un golpe mucho peor!
Zeyk apretó la mandíbula.
—Entonces, ¿qué? ¿Me quedo en el suelo esperando a que siga pegándome?
El profesor suspiró, claramente harto de la situación.
—Ya basta. Los dos a sus habitaciones. Y Zeyk, tendremos una conversación después. Fuiste tú quien inició la pelea.
—¿Yo?
—¡Sí, tú!
Zeyk miró al profesor con incredulidad.
Alrededor, varios estudiantes sabían perfectamente cómo había comenzado todo.
Lena incluso intentó intervenir.
—Profesor, pero Tomy fue quien—
—Lena, no te metas.
Ella se quedó callada, claramente molesta.
Zeyk recogió sus cosas y comenzó a caminar hacia su habitación.
No había sido él quien había buscado la pelea.
Pero aparentemente, eso no importaba demasiado.
Zeyk caminó unos pasos, todavía indignado por la decisión del profesor.
—Claro, siempre el callado, ¿no? Es una estupidez.
Detrás de él, Tomy apenas comenzaba a incorporarse. Seguía aturdido por el golpe y, en medio de su rabia, no había notado que el profesor ya se encontraba allí.
—¡Zeyk!
Antes de que nadie pudiera reaccionar, Tomy corrió hacia él.
—¡Tomy, no! —gritó el profesor.
Tomy alcanzó a Zeyk y lo empujó con todas sus fuerzas.
Zeyk perdió el equilibrio.
Retrocedió directamente hacia la baranda del mirador que daba sobre la pista de esquí.
—¿Oye, qué...?
Su cuerpo pasó por encima de la baranda.
—¡¿QUÉ?!
Durante un instante, todo pareció detenerse.
Zeyk alcanzó a mirar hacia abajo.
La pista se encontraba unos ochenta metros más abajo.
—¡No, esperaaaaaaaaaaaa!
Y desapareció del otro lado de la baranda.
—¡¡ZEYK!! —gritó Lena.
El profesor se lanzó hacia la baranda y miró hacia abajo, completamente pálido.
Los estudiantes quedaron paralizados.
Tomy también se había quedado inmóvil.
Toda la rabia que tenía desapareció de su rostro.
—Yo...
Miró hacia el vacío.
—¿Qué hice...?
El profesor y varios estudiantes bajaron apresuradamente por la pista, siguiendo el camino más rápido posible hasta el punto donde Zeyk había caído.
La nieve había amortiguado el impacto.
No se había escuchado prácticamente nada desde arriba.
—¡Por aquí! —gritó uno de los estudiantes.
Lena llegó poco después, seguida por el profesor.
Y entonces lo vieron.
Zeyk seguía con vida.
Pero la escena hizo que todos se quedaran en silencio.
Su cuerpo había sufrido heridas gravísimas. La caída había provocado fracturas por prácticamente todo el cuerpo; aproximadamente el 85 % de sus huesos estaban quebrados.
—Dios mío...
Lena se llevó una mano a la boca.
—¡Hay que llamar a emergencias! —gritó alguien.
El profesor sacó inmediatamente su teléfono.
—¡Llamen a los servicios de emergencia! ¡Ahora!
Tomy llegó unos segundos después.
Al ver a Zeyk, se quedó completamente paralizado.
—No...
Miró sus propias manos.
—Yo no quería...
Nadie le respondió.
El profesor se arrodilló cerca de Zeyk, procurando no moverlo.
—Tranquilo, Zeyk. La ayuda viene en camino.
Lena permanecía cerca, con los ojos llenos de lágrimas.
—Por favor... aguanta.
El tiempo comenzó a sentirse interminable.
Y aunque Zeyk había sobrevivido milagrosamente a aquella caída, su estado era extremadamente grave.
Cada segundo que pasaba podía ser decisivo.
El sonido de las aspas comenzó a escucharse sobre las montañas.
El helicóptero de emergencia descendió hasta una zona cercana mientras el equipo médico se preparaba para recibir a Zeyk.
—¡Tenemos pulso!
Los paramédicos llegaron rápidamente hasta él y comenzaron a estabilizarlo antes de trasladarlo.
Lena permanecía unos metros atrás, inmóvil.
—¿Va a sobrevivir? —preguntó con la voz temblorosa.
Uno de los paramédicos no respondió inmediatamente.
—Estamos haciendo todo lo posible.
Aquella respuesta no consiguió tranquilizarla.
Tomy seguía apartado del resto.
No decía absolutamente nada.
El profesor se acercó a él.
—Tomy...
El muchacho levantó la mirada.
—Yo no quería que esto pasara.
El profesor no respondió.
No había nada que pudiera decir en ese momento.
Los paramédicos finalmente subieron a Zeyk al helicóptero.
Las puertas se cerraron.
El helicóptero comenzó a elevarse.
Lena lo observó desaparecer entre las montañas.
—Por favor...
---
Mientras tanto, el profesor tomó su teléfono.
Había una llamada que debía hacer.
Buscó el contacto de emergencia que había proporcionado Monique antes del viaje y marcó.
Después de varios tonos, finalmente contestaron.
—¿Hola?
—¿Monique?
—Sí. ¿Quién habla?
El profesor tragó saliva.
—Soy el profesor de Zeyk.
Hubo un breve silencio.
—¿Qué pasó?
El profesor miró hacia los estudiantes que seguían reunidos alrededor de la pista.
—Hubo un accidente durante la excursión.
La voz de Monique cambió inmediatamente.
—¿Qué accidente?
—Zeyk sufrió una caída bastante grave. Lo trasladaron en helicóptero al hospital.
Silencio.
—¿Está vivo?
El profesor cerró los ojos durante un instante.
—Sí. Pero su estado es crítico.
Monique no respondió.
—¿Dónde están?
—En la playa... estamos en camino.
—Vengan al hospital lo antes posible.
---
El viaje de regreso fue completamente diferente al que habían hecho días atrás.
Cuatro horas.
Cuatro horas que parecían no terminar nunca.
Monique iba sentada junto a Mike.
No hablaba.
Mike tampoco.
El ambiente dentro del vehículo era pesado.
—Va a estar bien —dijo Mike finalmente.
Monique miraba fijamente por la ventana.
—No sabes eso.
—No...
Mike bajó la mirada.
—Pero tiene que estarlo.
Monique apretó las manos contra sus piernas.
—Debí haber ido con él.
—Monique...
—Debí haber ido.
Mike no volvió a insistir.
---
Cuando finalmente llegaron al hospital, Monique bajó del vehículo prácticamente corriendo.
—¡Zeyk Andrews! ¡El accidente de la montaña!
Una enfermera revisó rápidamente la información.
Su expresión cambió.
—Habitación de emergencias. Segundo piso.
Monique corrió hacia las escaleras.
Mike fue detrás de ella.
—¡Monique, espera!
Pero ella no se detuvo.
Al llegar al segundo piso, encontró al profesor esperando fuera de una de las habitaciones.
—¿Dónde está?
El profesor se acercó.
—Monique...
—¿Dónde está mi hermano?
El profesor señaló la habitación.
—Los médicos están con él.
Monique abrió la puerta antes de que pudiera decir algo más.
Y se quedó paralizada.
Zeyk estaba conectado a varios equipos médicos.
Las máquinas emitían sonidos constantes.
Monique se acercó lentamente.
—Zeyk...
No hubo respuesta.
—Soy yo.
Se sentó junto a la cama y tomó su mano con cuidado.
—Ya llegué.
Mike permaneció en la entrada, sin saber qué hacer.
Monique intentó sonreír.
—¿Ves? Te dije que no hicieras ninguna estupidez mientras yo no estaba.
Su voz comenzó a quebrarse.
—Siempre haces lo contrario de lo que te digo...
Los monitores continuaban marcando los signos vitales.
Pero eran cada vez más inestables.
Un médico entró rápidamente.
—Necesitamos que salga.
—¡No! —respondió Monique inmediatamente—. Soy su hermana.
El médico dudó.
—Entonces quédese al lado de él, pero necesitamos espacio.
Monique volvió a tomarle la mano.
—Estoy aquí.
Las alarmas comenzaron a sonar.
—¡Presión bajando!
El personal médico se movilizó alrededor de la cama.
Monique comenzó a llorar.
—Zeyk...
El ritmo cardíaco empezó a disminuir.
—¡Preparen el desfibrilador!
Mike se quedó en la puerta, completamente inmóvil.
Monique apretó la mano de su hermano.
—No te atrevas...
Las lágrimas caían sobre la sábana.
—No te atrevas a dejarme sola.
Los médicos continuaron intentando estabilizarlo.
Pero el monitor comenzó a emitir un sonido continuo.
—¡Sin pulso!
El equipo médico inició las maniobras de reanimación.
Monique negó con la cabeza.
—¡No!
El médico volvió a intentarlo.
Nada.
Otro intento.
Nada.
Monique apretó los ojos.
—Zeyk...
El monitor permaneció completamente plano.
Finalmente, el médico bajó lentamente las manos.
Miró la hora.
—Hora de fallecimiento...
Monique escuchó aquellas palabras.
Pero durante unos segundos no pareció comprenderlas.
Miró a Zeyk.
Su mano seguía sosteniendo la de él.
—No...
Su voz apenas fue un susurro.
—No, no, no...
Mike se acercó lentamente.
Monique apoyó la frente sobre la mano de su hermano.
Y entonces rompió en llanto.
Afuera, el profesor recibió la noticia.
Lena, que había permanecido en el hospital junto con algunos compañeros, también fue informada.
Tomy estaba sentado solo en una de las bancas del pasillo.
Cuando escuchó las palabras del profesor, levantó lentamente la mirada.
—¿Murió...?
El profesor no respondió.
No hacía falta.
Tomy bajó la cabeza.
Por primera vez desde que Zeyk lo conocía, no tenía absolutamente nada que decir.
Y en aquella habitación, mientras la vida de Zeyk terminaba en la Tierra, Monique seguía sosteniendo su mano.
Sin saber que aquella no sería la última vez que volvería a verlo.
Lena llevaba varios minutos sentada en silencio en el pasillo.
Había intentado contenerse desde que recibió la noticia.
Pero cuando vio a Tomy sentado solo, con la mirada perdida, algo dentro de ella finalmente se quebró.
Se levantó de golpe y caminó hacia él.
—¡Tú!
Tomy levantó la cabeza.
—Lena...
—¡Cállate!
Todos los que estaban en el pasillo voltearon.
Lena tenía los ojos llenos de lágrimas y la voz completamente quebrada.
—¡Míralo! ¡Mírate tú! ¡¿Estás satisfecho?!
Tomy bajó la mirada.
—Yo no quería que...
—¡NO QUERÍAS!
Su grito resonó por el pasillo.
—¡Tú lo empujaste!
Tomy no respondió.
—¡Él ni siquiera quería pelear contigo! ¡Te dijo que yo no estaba interesada en ti! ¡Te dijo que no estaba intentando nada conmigo!
Lena comenzó a llorar nuevamente.
—¡Y aun así lo atacaste!
Tomy apretó los puños.
—Yo...
—¡Por tu maldito orgullo!
El profesor intentó acercarse.
—Lena, basta...
—¡No! —respondió ella, sin apartar la mirada de Tomy—. ¡No me diga que basta!
Señaló hacia la puerta de la habitación donde estaba Monique.
—¡Él está muerto!
Tomy se quedó completamente inmóvil.
Lena continuó:
—¡Y tú vas a tener que vivir con eso!
Tomy comenzó a llorar.
—Yo solo quería que...
—¿Qué? ¿Que te respetara? ¿Que me alejara de él?
Lena negó con la cabeza.
—Zeyk no te hizo absolutamente nada.
Tomy levantó la mirada.
—Lo sé...
—No. Ahora lo sabes.
Lena respiró profundamente, intentando contener el llanto.
—Ojalá hubieras escuchado cuando todavía podías hacerlo.
Tomy no respondió.
No podía.
Lena finalmente se alejó, dejándolo solo en aquella banca.
Y por primera vez, Tomy comprendió que aquello ya no era una pelea escolar.
Había perdido a una persona.
Y él había sido responsable.
El pasillo quedó en silencio después de que Lena se alejara.
Tomy permanecía sentado, con la cabeza baja, completamente abatido.
Entonces se escucharon pasos acercándose.
Dos oficiales aparecieron al final del pasillo.
Tomy levantó lentamente la mirada.
—¿Oficiales...?
Los dos se acercaron hasta quedar frente a él.
—¿Tomy Noria?
Tomy se puso de pie lentamente.
—Sí...
Uno de los oficiales mostró su identificación.
—Necesitamos que nos acompañes.
Tomy frunció el ceño.
—¿Por qué?
El segundo oficial miró brevemente hacia la habitación donde se encontraba Zeyk.
—Hemos recibido una denuncia relacionada con el incidente de la montaña.
Tomy palideció.
—¿Una denuncia?
—Sí.
Tomy miró alrededor, confundido.
Entonces sus ojos se encontraron con los de Lena.
Ella permanecía a cierta distancia, con lágrimas todavía en el rostro.
Tomy comprendió.
—Fuiste tú...
Lena no respondió.
Simplemente sostuvo su mirada.
—Lo llamé yo —dijo finalmente—. Y les conté exactamente lo que pasó.
Tomy bajó la cabeza.
—Lena...
—No voy a dejar que esto quede como una simple pelea escolar.
Uno de los oficiales dio un paso al frente.
—Tomy, tendrás que acompañarnos para declarar sobre lo ocurrido.
Tomy miró una última vez hacia la puerta de la habitación de Zeyk.
Ya no tenía nada que decir.
—Está bien.
Los oficiales comenzaron a escoltarlo por el pasillo.
Lena observó cómo se alejaban.
No sentía satisfacción.
No había nada que celebrar.
Solo quería que alguien respondiera por lo que había ocurrido.
Los oficiales apenas habían avanzado unos metros por el pasillo cuando la puerta de la habitación se abrió.
Monique salió lentamente.
Tenía los ojos completamente rojos por el llanto.
Al levantar la mirada, vio a Tomy siendo escoltado por los dos oficiales.
Se quedó inmóvil.
Por un instante, pareció no entender lo que estaba viendo.
Entonces reconoció su rostro.
—Tú...
Tomy se detuvo.
Monique caminó hacia ellos.
—Tú eres el que lo empujó.
Tomy bajó la mirada.
—Yo...
—¡TÚ LO EMPUJASTE!
El grito de Monique hizo que todo el pasillo volviera a quedar en silencio.
Los oficiales se detuvieron.
Monique se acercó, temblando de rabia.
—¡Mi hermano no quería pelear contigo! ¡Ni siquiera estaba peleando contigo cuando lo atacaste!
Tomy no podía mirarla a los ojos.
—Lo sé...
—¡¿LO SABES?!
Monique tenía las lágrimas cayendo nuevamente.
—¡Entonces dime por qué!
Tomy permaneció callado.
—¡DIME POR QUÉ MI HERMANO ESTÁ MUERTO!
Mike apareció detrás de Monique y trató de acercarse.
—Monique...
Ella levantó una mano, sin apartar la mirada de Tomy.
—No.
Su voz salió quebrada.
—Quiero escucharlo de él.
Tomy tragó saliva.
—Yo... estaba enojado.
Monique lo miró con incredulidad.
—¿Enojado?
Una risa breve y amarga escapó de ella.
—¿Eso es todo?
Tomy comenzó a llorar.
—No quería matarlo.
—¡Pero lo mataste!
La frase quedó suspendida en el pasillo.
Monique respiró profundamente, intentando contenerse.
—Mi hermano tenía toda una vida por delante.
Señaló hacia la habitación.
—Y ahora está ahí dentro.
Tomy cerró los ojos.
—Lo siento...
Monique negó con la cabeza.
—No.
Lo miró fijamente.
—No me digas que lo sientes.
Los oficiales permanecieron a ambos lados de Tomy.
Monique continuó:
—Puedes decirlo mil veces. Puedes llorar. Puedes arrepentirte. Puedes pasar años diciendo que no querías que ocurriera.
Su voz volvió a quebrarse.
—Pero Zeyk no va a volver.
Tomy bajó completamente la cabeza.
Uno de los oficiales colocó una mano sobre su hombro.
—Tenemos que irnos.
Tomy comenzó a caminar.
Monique permaneció en medio del pasillo, observándolo alejarse.
Y cuando finalmente desapareció de su vista, volvió a mirar hacia la habitación de Zeyk.
Esta vez no dijo nada.
Solo lloró.
Monique permaneció inmóvil en medio del pasillo.
Los oficiales y Tomy ya habían desaparecido por las escaleras.
Mike se acercó lentamente.
—Mon...
Ella no respondió.
Miró hacia la puerta de la habitación donde estaba Zeyk.
Toda la rabia, el dolor y la impotencia que había estado conteniendo desde que recibió aquella llamada finalmente se desbordaron.
—¡¡¡ZEYK!!!
Su grito recorrió el pasillo con una fuerza desgarradora.
Las personas que se encontraban en el piso inferior levantaron la cabeza al escucharlo. Incluso algunos estudiantes que estaban dos pisos más abajo se quedaron en silencio, preguntándose qué había ocurrido.
Monique cayó de rodillas.
—¡¡¡¿POR QUÉ?!!!
Mike se arrodilló junto a ella y trató de abrazarla.
Pero Monique apenas podía respirar entre sollozos.
—¡No tenía que terminar así...!
Lena observaba la escena desde unos metros de distancia, completamente devastada.
Por primera vez desde que había conocido a Zeyk, comprendió cuánto había significado realmente para alguien.
No había sido simplemente el chico callado de la clase.
Era el hermano de alguien.
Era alguien que tenía una vida.
Y ahora esa vida había terminado.
El pasillo volvió a quedar en silencio.
Solo quedaban los sollozos de Monique.
Muy lejos de allí.
Tan lejos que quizá aquel lugar ni siquiera pertenecía al mismo plano de existencia.
No había montañas.
No había cielo.
No había suelo.
No había absolutamente nada.
Solo una inmensa extensión blanca que parecía continuar hasta el infinito.
En medio de aquel vacío, Zeyk abrió lentamente los ojos.
Parpadeó varias veces.
—¿Eh? Do... ¿dónde estoy?
No hubo respuesta.
Zeyk se incorporó lentamente y miró a su alrededor.
Blanco.
Todo era blanco.
No podía distinguir ninguna dirección, ninguna distancia ni ningún punto de referencia.
—¿Qué...?
Miró sus manos.
Luego su cuerpo.
Estaba completamente intacto.
No había dolor.
No había heridas.
No había rastro alguno de la caída.
Zeyk permaneció inmóvil, intentando comprender qué estaba ocurriendo.
Y por primera vez desde aquel día...
No sabía absolutamente nada de lo que estaba pasando.