Chapter 1

Chapter 1 of 1

Capítulo 1: La Jaula de Cristal de Bohemia

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Frío metal contra la piel cálida. Así se sentía el anillo de bodas en el dedo de Jungkook, un recordatorio constante del trato que había firmado con su propia vida. Frente al enorme espejo de cristal de Bohemia, contempló su reflejo con una fijeza casi dolorosa, buscando algún rastro del joven que solía ser antes de vender su libertad. Su vientre de siete meses abultaba bajo el traje de seda azul marino, una curva pronunciada que rompía la línea recta de su silueta impecable. Deslizó una mano temblorosa sobre la tela costosa, sintiendo la sutil pero firme vibración de una patada en su interior. Aquel pequeño ser que crecía en su vientre era su única verdad en medio de tanta falsedad, la única razón por la que soportaba el peso de su corona de espinas. Acariciar su vientre era lo único que calmaba la marea de ansiedad que amenazaba con devorarlo por completo. Un suave movimiento de su bebé lo trajo de vuelta a la realidad, recordándole que no estaba solo en esta tormenta silenciosa. Soportar el gélido trato de su esposo era un precio aceptable si con ello garantizaba que su hijo nunca conocería las carencias del mundo real. Minho había dejado claro desde el primer día que esto era un negocio de beneficio mutuo. Este matrimonio no requería amor, solo herederos legítimos, apariencias perfectas ante la prensa y la fusión de dos de los conglomerados más poderosos de la nación. Buscando aire, Jungkook apretó los puños a los costados, tragándose el nudo de amargura que amenazaba con empañar sus ojos. Había aprendido a ser de piedra, a construir una fortaleza de hielo alrededor de su corazón para protegerse del dolor. Nadie en la alta sociedad de Seúl sospechaba el terror que le provocaba la idea de quedar desamparado, de volver a sentir el frío del abandono que había marcado su juventud tras la muerte de sus padres. Aceptó la jaula de oro voluntariamente, convenciéndose de que la estabilidad financiera y el estatus social eran suficientes para llenar el vacío de su pecho. Cada detalle de su vida actual estaba minuciosamente calculado por el equipo de relaciones públicas de su esposo. Desde los alimentos orgánicos que consumía diariamente para asegurar el desarrollo óptimo del bebé, hasta las marcas de ropa de diseñador que debía vestir en cada aparición pública. Nada quedaba al azar en el imperio de los Park, y él se había convertido en la pieza central de esa exhibición de poder. Esta gélida soledad de su habitación compartida era el precio de su tranquilidad material. Durante las largas noches de insomnio, Jungkook se quedaba observando el techo alto de su residencia, preguntándose si alguna vez experimentaría el fuego del que hablaban las novelas románticas. Descartaba rápidamente esos pensamientos como debilidades peligrosas, recordándose a sí mismo que el amor era un lujo reservado para aquellos que podían permitirse el riesgo de ser destruidos. --- Murmullos refinados flotaban en el aire del gran salón del hotel de lujo donde se celebraba la gala anual de beneficencia. Risas ensayadas, el tintineo de cubiertos de plata y el aroma sofocante de perfumes caros inundaban el ambiente, creando una atmósfera casi asfixiante para Jungkook. Sintió que la pesada gargantilla de diamantes alrededor de su cuello se convertía en una soga invisible, recordándole su papel como el trofeo perfecto de la familia Park. Mirando a través del reflejo del gran ventanal que daba a la terraza, observó a su esposo Minho conversando animadamente con un grupo de importantes inversionistas extranjeros. Esa postura de Minho era rígida, su sonrisa tan calculada como los términos de su contrato prenupcial. Nunca se habían tocado con verdadera pasión; su embarazo había sido el resultado de un frío procedimiento clínico, planeado con la precisión de un calendario financiero. Aquellos invitados se paseaban de un lado a otro, exhibiendo sus joyas y sus títulos nobiliarios modernos con una arrogancia que a Jungkook le resultaba insoportable. Mantuvo la espalda recta, forzando una expresión de serena elegancia que ocultaba el cansancio acumulado en sus lumbares debido al peso del embarazo. Sabía que cualquier señal de debilidad sería interpretada como un fallo en la perfecta fachada de la familia. Un camarero pasó a su lado ofreciendo copas de cristal llenas de champaña importada, pero Jungkook lo rechazó con un leve movimiento de cabeza. Consumía únicamente agua mineral purificada durante estos eventos, protegiendo con recelo la salud del hijo que llevaba dentro. Aquel instinto protector hacia la pequeña vida que albergaba era lo único que mantenía su mente cuerda en medio de tanta hipocresía social. Música clásica sonaba de fondo, interpretada por un cuarteto de cuerdas contratado especialmente para la ocasión. Nadie prestaba verdadera atención a las melodías; los invitados estaban demasiado ocupados intercambiando favores políticos, cotilleos maliciosos y promesas de inversiones millonarias. Jungkook observó a una mujer de la alta sociedad reír falsamente ante el comentario de un banquero, confirmando su teoría de que la verdad era el recurso más escaso en aquel lugar. Repentinamente, un sonido estridente interrumpió la marea de conversaciones banales que llenaban el salón. Una copa de champaña se estrelló contra el suelo de mármol pulido a pocos pasos de donde Jungkook se encontraba de pie. Líquido dorado salpicó el suelo como lágrimas brillantes, atrayendo la atención inmediata de los invitados más cercanos, quienes retrocedieron con gestos de fastidio. --- Gritando en silencio por una distracción que lo apartara de sus propios pensamientos, Jungkook giró sobre sus talones con la intención de buscar a un empleado del hotel. Sus ojos, entrenados para mantener una distancia gélida con el resto del mundo, barrieron la pequeña multitud que se había apartado del desastre. Allí, en medio del círculo de invitados que murmuraban con desdén, estaba él. Un hombre joven, vestido con un traje oscuro que parecía ignorar las estrictas reglas de etiqueta del evento, sostenía una cámara fotográfica profesional entre sus manos. Su cabello castaño caía de forma desordenada sobre su frente, dándole un aire rebelde que contrastaba drásticamente con la formalidad artificial de los presentes. Tiempo pareció detenerse por completo en el microsegundo en que sus miradas se cruzaron en medio del bullicio. Una descarga eléctrica recorrió la columna vertebral de Jungkook, tan intensa y violenta que le hizo perder el aliento por un instante. Sintió una punzada de dolor agudo atravesar su vientre, un calambre tan repentino que le obligó a encorvarse levemente, llevando su mano libre hacia su estómago con un gemido ahogado. No era una contracción normal; era una sacudida que parecía nacer directamente de las fibras más profundas de su alma, como si su propio cuerpo reconociera una presencia largamente añorada. Imágenes caóticas y desordenadas comenzaron a brotar en su mente con la fuerza de un río desbordado, rompiendo la presa de su memoria. Vio techos tallados en madera de sándalo roja, el olor a incienso de loto quemado y el sonido de tambores de guerra resonando más allá de las murallas de un palacio imperial. Experimentó el tacto de unas manos cálidas y callosas sobre su piel desnuda, un calor tan puro y devastador que nunca antes había experimentado en su actual existencia vacía. "No me olvides", susurró una voz masculina en su cabeza, una voz que resonaba con la fuerza de mil tormentas y que reconoció al instante como la del fotógrafo. Aquella visión de la corte imperial fue tan nítida que Jungkook casi pudo sentir el frío del mármol antiguo bajo sus pies descalzos y el peso de las túnicas de seda bordadas con hilos de oro puro. Recordó un trono de obsidiana, las conspiraciones de los consejeros reales y, por encima de todo, el sabor de unos labios prohibidos que se encontraban a escondidas en los jardines del palacio. Aquel hombre, el fotógrafo, había sido su general, su protector, el único que conocía la debilidad detrás de la máscara imperial. Traición que sufrieron en aquella vida pasada resonó en su pecho como un eco doloroso, recordándole el trágico final de su amor prohibido. Habían sido separados por las leyes del imperio y por la ambición de aquellos que codiciaban el trono, una cruel ironía que parecía repetirse en su encarnación actual. Ahora, atrapado en un matrimonio de conveniencia y cargando con el hijo de otro hombre, las barreras morales y sociales eran aún más infranqueables. Lágrimas involuntarias acudieron a los ojos de Jungkook mientras luchaba desesperadamente por mantener el equilibrio físico y mental. Vio imágenes de sangre derramada sobre la nieve blanca, una espada de doble filo grabada con dragones y unos ojos idénticos a los del hombre frente a él, mirándolo con una devoción y un dolor desesperados en sus últimos momentos de vida. Aquel hombre frente a él no era un extraño de la gala; lo conocía desde hacía siglos, lo había amado hasta la muerte en un rincón del tiempo que la historia moderna había borrado por completo. Luchando por respirar, Jungkook se aferró al borde de una mesa decorativa cercana, sintiendo que su máscara de frialdad se desintegraba como ceniza al viento. Un latido frenético golpeaba su pecho, un tamborileo desbocado que amenasaba con revelar su agitación ante todos. Fotógrafo no se había movido, pero su mirada expresaba un dolor tan profundo y un anhelo tan salvaje que Jungkook supo, con absoluta certeza, que él también estaba recordando. Peso de los siglos pareció caer sobre sus hombros en un solo latido, aplastando la frágil realidad que había construido con tanto esmero. Pensar en cómo era posible que aquellos recuerdos hubieran estado ocultos en su mente durante toda su vida lo llenaba de pánico. Sintió que la habitación daba vueltas, que las luces del salón se desvanecían para dar paso al recuerdo de una noche estrellada en un jardín imperial donde dos almas juraron encontrarse en cada reencarnación. --- Fotógrafo dio un paso adelante, ignorando los fragmentos de cristal que crujían bajo sus zapatos de cuero desgastado. Aquella mirada permanecía fija en Jungkook, devorando cada detalle de su rostro, deteniéndose por un segundo en la prominente curva de su vientre gestante. Un destello de confusión y dolor cruzó por los ojos del recién llegado, pero la determinación en su rostro no flaqueó ni un solo instante. Antes de que Jungkook pudiera articular una sola palabra o retroceder para protegerse de la tormenta emocional que lo envolvía, una mano fría y posesiva se posó sobre su hombro. Minho se había acercado por detrás, su presencia gélida actuando como un balde de agua helada que rompió instantáneamente el trance de la reencarnación. "Querido, aquí estás", pronunció Minho con su habitual tono de falsa cortesía, apretando sus dedos con una fuerza innecesaria que pretendía marcar territorio ante los presentes. "Los inversionistas principales del grupo Lee acaban de llegar y están ansiosos por conocer al heredero de nuestra alianza comercial", continuó Minho, sin notar la palidez extrema en el rostro de su esposo. Jungkook apenas pudo asentir, sintiendo que sus piernas se habían convertido en gelatina y que el peso de su vientre era ahora una carga insoportable. Trató de desviar la mirada hacia el suelo, buscando desesperadamente recuperar el control de sus emociones antes de que su esposo o los invitados notaran su colapso interno. Sin embargo, el fotógrafo avanzó un paso más hacia ellos, levantando la cámara profesional frente a su rostro como si fuera a tomar un retrato oficial de la pareja presidencial del evento. Al realizar ese movimiento, la correa de cuero de su dispositivo se desplazó ligeramente hacia un lado, revelando un objeto que colgaba debajo de la solapa de su saco de lana fina. Un colgante de jade verde oscuro, tallado con la intrincada figura de un dragón celestial con ojos de rubí, brilló intensamente bajo las luces de la araña de cristal del salón. Pulso de Jungkook se detuvo por un segundo completo al reconocer la joya. En la caja fuerte secreta de su suite privada, bajo tres niveles de seguridad digital que nadie más conocía, descansaba una reliquia de jade idéntica, el único objeto de su infancia que guardaba con recelo absoluto. Inclinándose ligeramente hacia delante con el pretexto profesional de ajustar el enfoque del lente de su cámara, el fotógrafo acortó la distancia que los separaba. Aquellos labios se movieron con una sutileza casi imperceptible, emitiendo un susurro cargado de una intensidad ancestral que viajó directo al oído de Jungkook, por debajo del ruido ambiental del evento. Mientras Minho lo tomaba del hombro con firmeza para presentarlo ante los inversionistas de la gala, Taehyung dio un paso al frente y murmuró entre dientes una frase que solo Jungkook pudo oír en medio del bullicio: "Te encontré de nuevo, mi emperador", dejando caer sutilmente sobre su pecho un colgante de jade idéntico al que Jungkook conservaba bajo llave en su caja fuerte secreta.

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