Chapter 1

Chapter 1 of 1

Un día normal

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7 DE MARZO DE 2028 — NUEVA YORK La mañana empezaba como cualquier otra. Veyron, un adolescente de 16 años, caminaba hacia su preparatoria con la mochila al hombro. Desde hacía varios días se sentía mal, cansado y raro, pero no podía quedarse en casa. VEYRON: —No puedo faltar otra vez, güey… tengo que ir a la escuela. Mientras caminaba, escuchó unas voces detrás de él. AGRESOR: —¡Eh, mexicano! Veyron decidió ignorarlos y siguió caminando. De repente… ¡PUM! Algo le pegó en la parte de atrás de la cabeza. Veyron se quedó quieto y se llevó la mano a la nuca. Cuando miró sus dedos, había sangre. VEYRON: —…¿En serio, cabrones? Uno de los estudiantes le había aventado una piedra. AGRESOR: —¡Corre! Veyron salió corriendo hacia la escuela. PREPARATORIA — MINUTOS DESPUÉS Veyron llegó al enorme edificio de la preparatoria, una escuela privada en pleno centro de Nueva York. Había llegado tarde. Entró recuperando el aliento y se dirigió rápido a su salón. Cuando abrió la puerta, todos voltearon a verlo. MAESTRO: —Veyron. VEYRON: —Buenos días. El maestro miró el reloj. MAESTRO: —Llegas tarde otra vez. Veyron señaló su cabeza. VEYRON: —Tuve un pequeño inconveniente. El maestro vio la sangre. MAESTRO: —¿Qué te pasó? VEYRON: —Una piedra. MAESTRO: —¿Una piedra? VEYRON: —Sí. Larga historia. El maestro suspiró. MAESTRO: —Ve a la oficina del director. VEYRON: —¿Por una piedra? MAESTRO: —Por la piedra, por llegar tarde y porque ya llevamos rato con esta conversación. Veyron bajó la mirada. VEYRON: —Está bien… Salió del salón y se dirigió a la oficina del director. OFICINA DEL DIRECTOR Veyron tocó la puerta. DIRECTOR: —Adelante. Veyron entró. El director lo miró unos segundos. DIRECTOR: —Veyron… otra vez. VEYRON: —Buenos días para usted también. El director suspiró. DIRECTOR: —Ya van más de tres meses seguidos. Sé que tienes problemas en casa. Tus padres están trabajando en otro estado y tú y tu hermano viven prácticamente solos. Además, sé que tu hermano ha estado enfermo. VEYRON: —Stein va a estar bien. DIRECTOR: —Eso espero. Y están los temblores. Están ocurriendo por todo el país. Nadie sabe exactamente qué los está provocando. VEYRON: —¿Un monstruo gigante debajo de Estados Unidos? El director lo miró serio. Veyron levantó las manos. VEYRON: —Era una broma, no se enoje. DIRECTOR: —Te doy otra oportunidad. Conozco a tu padre. Sé que no te dejaría en esta situación si tuviera otra opción. VEYRON: —Sabía que me caía bien. DIRECTOR: —No abuses de mi confianza. Y Veyron… cuida a tu hermano. Veyron perdió un poco la sonrisa. VEYRON: —Sí. CAMINO AL SALÓN Veyron caminaba por el pasillo cuando su teléfono vibró. Era un mensaje de su padre: una foto de él y su mamá en un hospital, con el texto: PADRE: —Tu hermana está por nacer. Veyron abrió los ojos y después sonrió enorme. VEYRON: —¡Voy a tener una hermana, no mames! Por unos momentos olvidó todo lo demás. 11:00 A. M. Veyron estaba en clase cuando el edificio empezó a temblar. Los escritorios vibraban. Las ventanas se movían. Los estudiantes gritaban. PROFESOR: —¡Todos debajo de los escritorios! Veyron obedeció. Ese temblor era diferente. Mucho más fuerte. Y no estaba ocurriendo solo en Nueva York. Entonces… ¡SILENCIO! El temblor se detuvo de golpe. Veyron levantó la cabeza. Su teléfono vibró otra vez. Otro mensaje de su papá. PADRE: —¿Sabes a qué hora tus tías subieron al avión? Veyron pensó unos segundos. Sus tías habían viajado desde México en Viva Aerobus. VEYRON: —Esa aerolínea es una mierda… Pero entonces recordó algo. CS23. Ese era el número del vuelo. De repente se escucharon pasos pesados bajando por las escaleras. CLANG… CLANG… LAS CRIATURAS Desde las escaleras apareció una criatura. Después otra. Eran seres mitad lagarto y mitad humano. Veyron retrocedió. Uno de ellos habló. Lo raro era que hablaba español. LAGARTO: —Los camaleones, búsquenlo. Pero discretamente. No queremos llamar más la atención. VEYRON: —¿Acaba de hablar español, o estoy alucinando? Diez de aquellas criaturas desaparecieron. Solo quedó una. Era enorme. Medía poco más de dos metros y tenía una piel tosca, gruesa y bien resistente. Veyron miró hacia las ventanas. Diez pisos. VEYRON: —…No. Definitivamente no. Entonces sintió algo detrás de él. ¡GRAB! Una mano lo agarró y lo aventó al suelo. VEYRON: —¡¿QUÉ PEDO?! Era otro lagarto. Medía como 1.70 y tenía una lengua larga. LAGARTO: —¡Aquí está, comandante Drake! Creo que es él. Los estudiantes estaban aterrorizados al fondo del salón. Entonces entró el enorme lagarto. CLANG… CLANG… El ser observó a Veyron. DRAKE: —¿Lo mato? LAGARTO: —El “señor” lo quiere muerto. Pero el rey lo quiere en el reino. VEYRON: —¿El señor…? ¿El rey…? ¿Qué chingados están diciendo? DRAKE: —Los demás grupos ya deben tener bajo control a los que buscaban. Otro lagarto llegó corriendo. LAGARTO: —¡Comandante Drake! El CS23 cayó. Veyron se quedó completamente inmóvil. Se le abrieron los ojos. VEYRON: —…¿Qué? Entonces entendió. CS23. El vuelo de sus tías. VEYRON: —¡¿QUÉ MIERDA PASÓ?! ¡Ahí iba mi familia! ¡Es imposible! ¡Ahí iba mi familia! Por dentro estaba aterrorizado. Pero Veyron tenía la costumbre de que cuando algo le dolía demasiado… hacía bromas. El sarcasmo era su escudo. Esta vez ni siquiera pudo. Drake lo observó. DRAKE: —Eso no debería importarte, cachorro. Tú estás sano y salvo. Veyron levantó la mirada. VEYRON: —¿Cachorro…? Se llevó despacio una mano a la nuca. Recordó la piedra. La sangre. El dolor. Pero cuando se tocó la cabeza… se quedó quieto. No había sangre. No había herida. Ni siquiera una marca. Veyron miró sus dedos. Después se volvió a tocar. VEYRON: —…¿Qué pedo? Drake no apartó la vista. Observó todo el proceso con auténtico interés. Entrecerró los ojos y dio un paso más cerca, como si quisiera asegurarse de lo que estaba viendo. DRAKE: —…Interesante. Muy interesante. Se quedó mirando la nuca ya curada de Veyron unos segundos más, memorizando lo que acababa de ocurrir. Luego recuperó su expresión fría. DRAKE: —Ya empezó. Nos vamos. Las criaturas salieron del salón con la misma calma con la que habían entrado. Veyron se quedó de pie, con los puños apretados. La voz le salió baja: VEYRON: —…Hijos de puta. No entendía nada. No sabía quiénes eran esas criaturas. No sabía por qué lo estaban buscando. Y tampoco sabía quién era realmente. Pero algo dentro de él ya había empezado a cambiar.

End of Chapter 1