Chapter 1 of 1

Chapter 1: El Hallazgo

576 words

El sol caía a plomo sobre Semele, un látigo inclemente contra la piel expuesta. Arena fina se levantaba con cada brisa perezosa, arañando las paredes de piedra caliza que se desmoronaban lentamente. Alejandro sudaba, la camisa pegada a su espalda, pero no se inmutaba. Su atención estaba clavada en la tierra, en el punto exacto donde la piedra irregular de un antiguo altar se hundía en el polvo. Silencio. Ese era su único compañero. Siempre lo había sido, desde que la culpa se había instalado en su pecho como una losa pesada. Aquí, entre las ruinas del templo de Semele, el silencio era un eco. Un eco que, paradójicamente, lo hacía sentir aún más solo. Sus dedos expertos manejaban la brocha, suaves movimientos rítmicos. No era solo un trabajo; era una penitencia, una forma de sumergirse en lo antiguo para olvidar lo reciente. Cada partícula de tierra removida era un fragmento de tiempo, un velo que se levantaba para revelar lo que había sido. O lo que él había perdido. Despacio, con una precisión casi quirúrgica, Alejandro despejaba los escombros. Horas se fundieron en un flujo ininterrumpido. El aire vibraba con el calor, las cigarras zumbaban en un coro monótono. Ni una sola queja. Ni una distracción. Solo él y la tierra prometedora. Una forma oscura asomó bajo la capa de polvo. No era cerámica rota, ni una piedra tallada al azar. Esto era diferente. La brocha se detuvo por un instante. Su corazón, un tambor sordo, comenzó a acelerar su ritmo. No por la emoción de un descubrimiento monumental, no todavía. Era el miedo habitual. El miedo a lo que siempre venía después de la soledad, después de su propia confianza. Cambiando a una espátula más pequeña, raspó la tierra con delicadeza. El material era liso, de un negro profundo que absorbía la luz. Obsidiana. Una rareza en estas excavaciones, usualmente dominadas por la terracota y el mármol erosionado. La superficie pulida reveló una curva, luego otra. Una hendidura. Un orificio. Una forma familiar, ancestral. Era una máscara. O lo que quedaba de ella. La excitación, reprimida durante tanto tiempo, pugnó por salir. No podía permitírselo. La última vez que había sentido esa euforia, todo se había desmoronado. Continuó su labor, cada músculo tenso. La forma se reveló por completo, una máscara ceremonial, quizás, pero de una factura extraña. Los ojos eran meras cuencas profundas, y la boca, una grieta irregular, no una sonrisa ni una mueca. Era algo más primitivo. Algo que no parecía hecho para ser usado por un humano. Levantó la máscara con extremo cuidado. El peso era sorprendente, sólido y frío. No parecía de obsidiana común. Era más densa, como si contuviera una gravedad propia. Lentamente, la giró en sus manos, la luz del sol crepuscular incidiendo en su superficie. Un reflejo. El suyo. Pero no era su rostro. O no del todo. La obsidiana pulida capturó su imagen, distorsionada. Sus rasgos se estiraron, sus ojos se hundieron, su boca se abrió en una mueca de agonía muda. Era su desesperación, la que ocultaba bajo capas de control, devuelta a él por el cristal negro. Un escalofrío le recorrió la espalda. Había visto esa expresión antes, en un espejo, después de las noticias. Después de la verdad. La verdad que lo había destrozado. La imagen en la máscara le revolvió el estómago. Recordó el día. El accidente. Su insistencia. La sonrisa de su hermana. La última vez que la había visto.

End of Chapter 1