Chapter 9 of 10

Capítulo 9: El Vals de las Balas

625 words

Estruendo. El metal retorcido de la viga crujió, liberando una nube de polvo que llenó el aire. Marcus tropezó, sus ojos buscando la fuente de la detonación. Una bala de gran calibre había impactado justo donde su cabeza había estado un milisegundo antes, destrozando la mampostería antigua y sembrando metralla. Fuerza bruta le golpeó la espalda. Julie lo empujó con una ferocidad inesperada, lanzándolo hacia una pila de escombros. Cayó con un gemido de sorpresa, el impacto aún resonando en sus oídos. Un segundo disparo. El proyectil silbó sobre sus cabezas, incrustándose en el muro opuesto con un sonido seco. Un francotirador. Estaban atrapados, expuestos en el vasto interior de la catedral semiderruida. Julie no dudó. Su mente ya había calculado la trayectoria, la posición más probable del tirador. No había tiempo para órdenes, solo para la acción. Un salto. Sus botas de combate se aferraron a una viga de acero expuesta que se extendía sobre el abismo del nave central. La madera podrida crujió bajo su peso, pero su agarre fue firme. Corrió. Un zig-zag frenético, una silueta borrosa contra el fondo del cielo crepuscular que se filtraba por los vitrales rotos. Cada movimiento era una provocación, un objetivo en movimiento para el tirador invisible. Disparos. Tres, seguidos, como el latido irregular de un corazón enloquecido. Las balas rasgaron el aire cerca de ella, dejando estelas invisibles de peligro. El metal sonó cuando una impactó demasiado cerca, haciéndola tambalear por un instante. Se lanzó. Un giro ágil, una voltereta sobre otra viga, aterrizando sin un sonido. Sus ojos, fríos y enfocados, escudriñaban la distancia, buscando el destello de un visor, la mínima perturbación en el horizonte. Marcus, por su parte, se movía. Había comprendido el plan. Ella atraería el fuego, él flanquearía. Se arrastró entre los escombros, su rifle listo, su mirada fija en el punto de impacto de los disparos de Julie. La adrenalina bombeaba, pero la mente de Julie era una máquina fría. No había miedo, solo datos. Viento. Distancia. Ángulo. La vibración de las vigas bajo sus pies. Otro salto. Más alto esta vez, impulsándose desde una columna agrietada. Se elevó, casi flotando por un segundo, ofreciéndose como un blanco tentador. El francotirador no falló la oportunidad. Sonó el disparo. Julie sintió el zumbido de la bala rozar su hombro, quemando la tela de su uniforme. No la tocó. Aterrizó, rodando, y su mano ya estaba en la culata de su rifle de francotirador de servicio, un SR-25 modificado que sentía como una extensión de su propio brazo. No miró por la mira. No había tiempo para eso. Su cuerpo sabía. Sus músculos memorizaban la balística, la presión del gatillo, la respiración controlada. Ochocientos metros. Un punto en el horizonte. Un destello casi imperceptible. La respiración se contuvo. Sus ojos se entrecerraron, más allá de la mira, hacia el punto donde la catedral vecina se alzaba, su torre del reloj desgarrada por los años. Un movimiento. Una sombra apenas distinguible. Su dedo se tensó en el gatillo. No era una decisión consciente, sino una reacción pura, animal, nacida de años de entrenamiento brutal y supervivencia al límite. El clic metálico fue casi inaudible. El retroceso fue un golpe seco contra su hombro. El sonido del disparo se ahogó en el eco de la catedral. Un silencio tenso se apoderó del espacio, roto solo por el crujido distante del metal oxidado. Marcus se detuvo, su rifle a medio alzar. Miró a Julie, luego hacia la torre, y finalmente de vuelta a ella. No había visto nada, solo la determinación implacable en sus ojos. Pasaron los segundos. Eternos. Luego, un pequeño y casi inaudible, pero inconfundible, *thump* resonó desde la distancia. Algo pesado había caído. El silencio se hizo aún más profundo.

End of Chapter 9