Chapter 15 of 25

Capítulo 15: Adiós ¿Para siempre?

1.7k words

Dolor. Un dolor sordo y constante latía detrás de los ojos de Julián, extendiéndose por todo su pecho como un veneno lento. Cada bocanada de aire en los pasillos del colegio se sentía pesada, cargada de murmullos que se clavaban en su piel. Caminó arrastrando los pies hacia la oficina de dirección, con las manos hundidas en los bolsillos de su chaqueta de cuero. Divisó una silueta conocida al final del pasillo, justo al lado de las puertas dobles de la administración. Era la madre de Allie. La mujer sostenía una carpeta azul contra su pecho, con los hombros rígidos y la mandíbula increíblemente tensa. "¡Señora Rossi!" exclamó Julián, acelerando el paso por el corredor de baldosas pulidas. La mujer se detuvo en seco al escuchar su voz. Al darse la vuelta, sus ojos cansados y enrojecidos se clavaron en él con una mezcla de amargura y profunda decepción. "No te acerques, Julián," advirtió ella, con una voz temblorosa pero cargada de una firmeza inquebrantable. "Por favor, déjeme explicarle," suplicó él, deteniéndose a un metro de distancia, sintiendo el peso de su propio error. "Yo no quería que nada de esto pasara. Yo la amo con todo mi ser." "Tu amor casi la destruye," sentenció la mujer, apretando la carpeta contra sí como si fuera un escudo protector. "Mírala. Perdió su beca, su tranquilidad y su reputación fue pisoteada por tus amigos ricos y consentidos. Mi hija no merece esto." "Yo puedo arreglarlo," insistió Julián, sintiendo que las lágrimas amenazaban con desbordar sus ojos. "Hablaré con mi padre, buscaré un abogado, haré lo que sea necesario para limpiar su nombre." "Ya es tarde," interrumpió la señora Rossi, con una frialdad que congeló la sangre de Julián. "Acabo de firmar los papeles de baja. He cancelado su matrícula definitivamente. Allie no volverá a pisar este colegio de víboras." Esas palabras golpearon a Julián como un mazo físico en el centro del pecho. Retrocedió un paso, perdiendo el aire, sintiendo que el suelo se abría bajo sus pies. "No..." susurró. "No puede hacer eso, ella ama estudiar aquí." "Ya lo hice," declaró ella, dándole la espalda de inmediato. "Aléjate de ella, Julián. Ya le has causado suficiente daño a su vida." La silueta de la mujer se alejó con paso firme hacia la salida del edificio, dejándolo completamente solo en la penumbra del pasillo. --- Silencio. Un silencio sepulcral reinaba en el salón de clases, al menos en la mente atormentada de Julián. A su alrededor, el profesor de matemáticas garabateaba fórmulas complejas en la pizarra, pero el sonido de la tiza le resultaba insoportable. Miró de reojo el pupitre vacío a su derecha. Allí solía sentarse ella, siempre con su cuaderno impecable y sus lápices ordenados. Recordó la suavidad de su cabello oscuro, la forma en que mordía el extremo de su bolígrafo cuando se concentraba, y su risa silenciosa. Ahora no había nada más que un trozo de madera fría, abandonada y gris. "Oye, hermano," susurró Tomás desde el asiento de atrás, dándole un suave golpe en el hombro. "¿Estás bien? Estás pálido como un fantasma." Julián no respondió, manteniendo la mirada fija en el vacío. Su mandíbula estaba tan apretada que un dolor agudo se extendía hacia sus oídos. Sus nudillos se habían vuelto completamente blancos de tanto presionar el lápiz de madera que sostenía. Un crujido seco resonó en la primera fila. El lápiz se partió en dos bajo la presión brutal de su mano izquierda. La mina de grafito se clavó en la palma de su mano, dejando un pequeño punto negro del que brotó una gota de sangre. No le importó lo más mínimo. Aquel dolor físico no era nada comparado con el vacío abrasador en su estómago. "Señor de la Cruz, ¿tiene algún problema con la clase de hoy?" preguntó el profesor, deteniendo su explicación. Julián se levantó bruscamente, tirando la silla hacia atrás con un chirrido molesto que hizo eco en todo el salón. "Me voy," dijo secamente, con una voz ronca que no parecía la suya. Sin esperar respuesta ni autorización, tomó su mochila y salió del aula bajo la mirada atónita de todos sus compañeros. --- Buscando un refugio para no volverse loco, Julián terminó en la zona de los casilleros del segundo piso. Allí encontró a Hannah. La chica estaba apoyada contra el casillero cerrado de Allie, con los ojos sumamente hinchados de tanto llorar. Sostenía un pequeño llavero de felpa que Allie siempre llevaba colgado en su mochila. Al ver a Julián acercarse, la mirada de Hannah se llenó de un dolor profundo mezclado con un reproche silencioso. "Se fue, Julián," dijo Hannah, con la voz completamente rota. "Mi única amiga real en este maldito lugar lleno de hipócritas se ha ido para siempre." "¿Dónde está?" preguntó él, tomándola de las manos con una desesperación evidente. "Tengo que verla, Hannah. No puedo dejar que todo termine así. Ella me dijo que se acabó, pero sé que lo hizo para protegerme de mi padre." "¿Protegerte de qué?" espetó Hannah, soltándose de su agarre con un destello de rabia en los ojos. "Tu padre es un monstruo despiadado. Y Miranda... ella organizó todo esto." "Voy a acabar con esto hoy mismo," prometió Julián, con una frialdad que asustó a Hannah. "Te lo juro por mi vida que pagará por lo que hizo." --- Furia. Eso era lo único que mantenía a Julián en pie en este momento. Cruzó el patio central con pasos de gigante, ignorando las miradas curiosas de los demás estudiantes que murmuraban a su paso. Encontró a Miranda sentada en la mesa principal de la cafetería exterior, rodeada de su séquito habitual de seguidoras. Se reía de alguna publicación en su teléfono, luciendo tan perfecta, intocable y despreocupada como siempre. La ira de Julián se desbordó por completo. "¡Miranda!" oaxclamo, y el grito cortó el aire como un látigo afilado. Todo el patio se quedó en un silencio sepulcral al instante. Miranda levantó la vista, esbozando una sonrisa coqueta que se congeló de inmediato al ver la expresión asesina de Julián. "Julián, hola... ¿pasa algo malo?" preguntó, tratando de mantener la compostura frente a sus amigas. "Sabes perfectamente qué pasa," siseó él, deteniéndose justo frente a su mesa. Sacó una carpeta de su mochila y la arrojó con fuerza sobre la mesa de plástico, derribando el vaso de café de Miranda. El líquido oscuro se extendió rápidamente por la superficie, pero nadie hizo el menor intento por limpiarlo. "¿Qué es esto?" preguntó ella, con una risa nerviosa que delataba su creciente pánico. "La prueba de tu miseria," declaró Julián con voz alta y clara, asegurándose de que todos los presentes escucharan cada palabra. "Ahí están las capturas de pantalla de los mensajes que enviaste desde cuentas falsas para difamar a Allie." Miranda intentó apartar la carpeta, pero Julián la presionó con su mano. "También están los recibos de las transferencias que hiciste a los chicos de tercer año para que difundieran los rumores sobre su beca. Todo está ahí." La cara de Miranda se volvió de un color gris ceniza en cuestión de segundos. "Esto es una calumnia barata," balbuceó, mirando a sus amigas en busca de un apoyo que no llegó. "Julián, estás demente. Estás inventando todo esto porque esa muerta de hambre te dejó." "No mienta más, señorita," intervino una voz grave e imponente detrás de ellos. El director del colegio caminaba hacia la mesa, acompañado por el encargado de disciplina y dos guardias de seguridad del plantel. El rostro del director reflejaba una severidad absoluta que no admitía discusión. "Señorita Miranda, he revisado minuciosamente las pruebas digitales que el señor de la Cruz entregó a primera hora." "¡No es justo! ¡Él me está tendiendo una trampa porque me odia!" gritó Miranda, levantándose de la silla con lágrimas de pánico. "Sus acciones violan gravemente el reglamento y constituyen acoso escolar cibernético," declaró el director con firmeza. "Acompáñenos a la dirección de inmediato. Sus padres ya han sido notificados para que recojan sus pertenencias." "¿Qué? No, por favor..." suplicó ella, mirando desesperadamente a su alrededor. Nadie la defendió. Sus supuestas amigas se apartaron lentamente, dejándola sola en el centro de su propio desastre. Los guardias la escoltaron fuera del patio mientras ella sollozaba ruidosamente, con su reputación destruida de la misma manera que ella había intentado destruir a Allie. La expulsión definitiva era un hecho. --- Vacío. Julián se sentó en las escaleras traseras del gimnasio, apoyando la frente sobre sus rodillas temblorosas. Haber expuesto a Miranda no le devolvía la paz que había perdido. No borraba el dolor lacerante que sentía en el pecho. No traía a Allie de vuelta a sus brazos. El silencio del lugar fue interrumpido por el sonido de unos pasos suaves sobre la grava. Hannah se sentó a su lado, manteniendo una distancia prudente pero ofreciendo su apoyo silencioso. "La expulsaron oficialmente," dijo ella en voz baja, mirando al horizonte. "Toda la escuela está hablando de la humillación que pasó." "No me importa en lo absoluto," murmuró Julián sin levantar la cabeza. "Nada de lo que ocurra en este colegio me importa si ella no está aquí conmigo." "Lo sé," respondió Hannah, con un suspiro lleno de una tristeza abrumadora. "Necesito verla, Hannah," suplicó Julián, mirándola finalmente con los ojos inyectados en sangre y llenos de desesperación. "Dime dónde está su casa actual. Iré allí ahora mismo. No me importa lo que diga su madre o si mi padre se entera." Hannah lo miró con una profunda lástima que desarmó por completo al muchacho. Una lágrima solitaria rodó por la mejilla de la chica. "No puedes ir a su casa, Julián." "¿Por qué no?" insistió él, tomándola por los hombros con urgencia. "Dime la verdad, por favor. ¿Dónde está Allie? ¿Por qué me ocultas esto si sabes cuánto la amo?" "Porque ya no está en la ciudad," confesó Hannah, con la voz entrecortada por un sollozo ahogado. Julián sintió que el mundo se detenía por completo, como si el tiempo se hubiera congelado a su alrededor. "¿De qué estás hablando?" logró articular apenas, con el corazón latiendo de forma errática. "Su madre vendió todo lo que tenían durante el fin de semana para pagar las deudas y alejarse de todo este infierno," reveló Hannah. Julián sintió un frío glacial recorrer su espina dorsal mientras escuchaba las palabras finales de la chica. Allie se fue del país.

End of Chapter 15

Chapter 15: Capítulo 15: Adiós ¿Para siempre? - Entre rumores y destinos | Novel AI Studio