Chapter 1 of 1

CAPÍTULO 1

734 words

C El día que todo comenzó 11 de julio La ciudad de Chicago estaba cubierta por una lluvia ligera. Kai Wells estaba sentado en el borde de su cama, mirando por la ventana del pequeño cuarto del orfanato. Tenía veintidós años. Ese día era su cumpleaños. Pero, para Kai, los cumpleaños nunca habían significado demasiado. No tenía padres que lo llamaran. No tenía hermanos que fueran a visitarlo. No tenía una familia esperando para celebrarlo. Solo tenía una sensación extraña que llevaba varios días creciendo dentro de él. Como si alguien estuviera llamándolo. Kai cerró los ojos. Y entonces los abrió de golpe. Ya no estaba en Chicago. Estaba en una calle de Londres. Un joven de cabello oscuro estaba sentado dentro de una ambulancia, revisando unos documentos. Kai lo miró confundido. —¿Quién eres? El joven levantó la cabeza. —¿Puedes verme? Kai se quedó inmóvil. —Sí. El muchacho soltó lentamente los documentos. —Entonces tú también puedes verme. —¿Dónde estoy? —Londres. Kai miró alrededor. —Pero yo estoy en Chicago. El joven sonrió, completamente confundido. —Yo también tengo muchas preguntas. Antes de que pudieran continuar, la escena cambió. Ahora Kai estaba en Madrid. Una joven estaba estudiando frente a una enorme cantidad de libros. Ella levantó la mirada. —¿También estás aquí? Kai abrió los ojos. —¿Tú puedes verme? —Sí. —¿Quién eres? —Lucía. Ella dejó el libro a un lado. —¿Y tú? —Kai. Otra conexión. Otro lugar. Otra persona. Después apareció un muchacho en Nueva York con una cámara alrededor del cuello. —Esto es raro —dijo él. Kai soltó una pequeña risa nerviosa. —¿Tú también? —Sí. Soy Ethan. La conexión volvió a cambiar. Lagos. Una joven estaba rodeada de telas y máquinas de coser. —Amara —se presentó. Después Seúl. Un joven sentado junto a una ventana, con unos audífonos puestos. —Min-jun. Roma. Una joven restaurando cuidadosamente una pintura. —Sofia. Y finalmente São Paulo. Un muchacho estaba frente a varias pantallas de computadora. Tenía una sonrisa divertida. —Déjame adivinar. Tú también puedes verme. Kai lo miró. —Sí. —Mateo. —Kai. Mateo sonrió. —Perfecto. Ya somos ocho. Kai se quedó mirando alrededor. Ocho personas. Ocho países. Ocho vidas completamente diferentes. Y, aun así, todos estaban ahí. Juntos. —¿Por qué podemos vernos? —preguntó Lucía. Nadie respondió. Elias fue el primero en hablar. —No lo sé. —¿Y por qué precisamente nosotros? —preguntó Amara. —Tampoco lo sé —respondió Ethan. Mateo levantó una mano. —Tengo una teoría. Todos lo miraron. —Eso me preocupa —dijo Min-jun. Mateo se rio. —No, en serio. Creo que estamos conectados. Sofia observó a Kai. —¿Desde cuándo puedes hacer esto? Kai bajó la mirada. —Desde que era niño. El ambiente cambió. —¿Y nunca viste a alguien más? —preguntó Lucía. Kai negó con la cabeza. —No así. Elias se inclinó hacia adelante. —¿Te asusta? Kai tardó unos segundos en responder. —Sí. Amara sonrió suavemente. —A mí también. Aquella respuesta hizo que Kai levantara la mirada. Por primera vez, alguien entendía exactamente lo que estaba sintiendo. No estaba solo. Durante las siguientes horas, los ocho intentaron descubrir qué estaba pasando. Mateo buscó información. —No encuentro nada que explique esto. Ethan levantó la cámara. —¿Y si intentamos tomar una fotografía? —No puedes fotografiar una conexión —dijo Sofia. —Tenía que intentarlo. Todos rieron. Kai también. Y esa pequeña risa sorprendió incluso a él. No recordaba la última vez que había reído así. Pasaron horas hablando. Descubrieron que todos tenían algo en común. Habían nacido el mismo día. 11 de julio. Y todos tenían veintidós años. —Eso definitivamente no puede ser una coincidencia —dijo Lucía. Mateo sonrió. —Entonces supongo que tendremos que descubrir qué significa. Kai observó a los otros siete. No sabía quiénes eran. No sabía por qué podía verlos. No sabía cuánto tiempo duraría aquello. Pero por primera vez en su vida, algo dentro de él dejó de sentirse vacío. —¿Podemos hacer esto otra vez mañana? —preguntó. Elias sonrió. —Claro. —¿Y pasado mañana? —preguntó Kai. —También. Amara levantó una mano. —Entonces queda decidido. —¿Qué cosa? —preguntó Kai. —Somos ocho. Mateo añadió: —Y si estamos conectados por alguna razón... Ethan sonrió. —...vamos a descubrirla juntos. Kai los miró. Ocho desconocidos. Pero, de alguna manera, ya comenzaban a sentirse como algo más. Como una familia que todavía no sabía que lo era. Y ninguno de ellos podía imaginar lo que les esperaba. Porque aquel 11 de julio no era solamente el cumpleaños número veintidós de ocho jóvenes. Era el día en que su historia comenzaba.

End of Chapter 1