Chapter 6 of 10

Chapter 6: El Reto de la Corona

2.5k words

Vibraba el teléfono sobre el escritorio de roble, un zumbido sordo que rompió el silencio de mi habitación. Miré la pantalla con desdén antes de que el pánico se instalara en mi pecho. Editorial Ares acababa de lanzar una bomba en sus redes sociales oficiales. --- "Duelo de titanes", rezaba el titular en letras doradas y llamativas. Querían un torneo literario en vivo. Ares contra Loki. Dos autores frente a frente, transmitiendo en directo, improvisando capítulos basados en las crueles sugerencias del público. Sentí que el aire abandonaba mis pulmones de golpe. Mis dedos se crisparon sobre el borde del teclado. Era físicamente imposible. No podía estar conectado en dos ordenadores distintos, transmitiendo en vivo a la vez, escribiendo dos estilos radicalmente diferentes sin delatarme. Si una de las pantallas se quedaba en silencio mientras la otra avanzaba, el fraude quedaría al descubierto en segundos. Cualquier retraso sospechoso encendería las alarmas de los miles de espectadores sedientos de sangre. Aquel juego psicótico que yo mismo había diseñado se estaba convirtiendo en mi propia guillotina. Cerré los ojos, sintiendo el latido desbocado de mi corazón contra las costillas. Había pasado años construyendo una reputación de perfección inquebrantable. Cada palabra de Ares estaba calculada para dominar las listas de éxitos. Cada provocación de Loki estaba medida para encender la rebeldía del público. Ahora, la editorial me exigía un milagro técnico que destruiría mi doble vida en cuestión de minutos. Golpeé la mesa con el puño, frustrado por mi propia arrogancia. Pensar rápido era mi mayor habilidad, pero esta vez la soga estaba demasiado apretada alrededor de mi cuello. Un plan era urgente. Necesitaba ayuda desesperadamente, aunque odiara admitirlo. Recordé mi infancia, aquellos días oscuros donde mis padres me miraban sin verme, como si yo fuera un mueble más en su inmensa y vacía mansión. Escribir había sido mi escudo, mi forma de gritarle al mundo que yo existía, que mis palabras tenían peso. Crear a Ares fue mi obra maestra, la prueba irrefutable de que podía controlar el destino de miles de lectores hambrientos de suspenso y romance. Perder ese control significaba volver a ser invisible, el peor de mis tormentos. --- Caminé por los pasillos del instituto al día siguiente como si fuera un fantasma. Sombras de estudiantes resbalaban a mi alrededor, ajenos al caos absoluto que amenazaba con devorarme. Mis pasos me guiaron instintivamente hacia la biblioteca, el único lugar donde el silencio me permitía procesar mi inminente caída. Olor a papel viejo y desinfectante barato me recibió al cruzar el umbral. Busqué la mesa más alejada, oculta tras las estanterías de literatura clásica. Allí estaba ella. Mía vestía una sudadera negra de gran tamaño y sostenía un libro de poesía oscura que probablemente no estaba leyendo. Sus ojos oscuros se clavaron en mí en cuanto me acerqué, una sonrisa perezosa y burlona curvando sus labios pintados de un tono ciruela casi negro. "Pareces un condenado a muerte camino al patíbulo, Gabriel", murmuró con voz arrastrada. Cerró el libro con un golpe seco que resonó en el espacio vacío. Me senté frente a ella, apretando los dientes para ocultar el temblor de mis manos. "Supongo que ya viste el anuncio de Ares", respondí, manteniendo la voz baja y peligrosa. "Grandioso duelo literario del siglo", se burló ella, inclinándose hacia adelante sobre la mesa de madera. Apoyó la barbilla en sus manos, observándome con una diversión sádica que me revolvió el estómago. "Esta es una jugada maestra de la editorial. Lástima que su autor estrella no tenga la capacidad de desdoblarse físicamente". "No estoy de humor para tus juegos, Mía", siseé, clavando mis uñas en las palmas de mis manos. "Oh, yo tampoco estoy jugando", replicó ella, sus ojos brillando con una intensidad felina. "Sé perfectamente lo que estás pensando en este momento. Estás calculando los tiempos de respuesta, buscando un software de automatización o planeando un apagón de internet conveniente". "Ninguno de tus trucos habituales funcionará con una transmisión en vivo y verificación de identidad". "Exacto. Estás atrapado", sentenció ella, disfrutando visiblemente de mi desesperación. Feroz frustración me quemaba la garganta. Había pasado mi vida entera controlando cada variable, manipulando a las personas como si fueran simples peones en mi tablero personal. Ahora, una chica con debilidad por el delineador de ojos negro y la música gótica tenía mi destino en la palma de su mano. Acaso viniste aquí solo para regodearte en mi ruina, le pregunté, manteniendo la espalda rígida. "Vine a ofrecerte un trato", susurró ella, reduciendo la distancia entre nosotros. Aroma a canela y ceniza que siempre la acompañaba me golpeó los sentidos, distrayéndome por un segundo de mi pánico. "Puedo ser tu cómplice. Puedo ser la presencia física de Loki en esa maldita transmisión". Fruncí el ceño, procesando sus palabras con cautela. "¿Tú?", pregunté con incredulidad. "Yo", asintió ella con una seguridad aplastante. "Nos colocamos en habitaciones separadas. Yo estaré frente a la cámara de Loki, usando una máscara o un filtro de distorsión como habías planeado". "Pero no sabes escribir como él", objeté, buscando fallas en su propuesta. "No necesito saber escribir como él si tú me dictas las palabras", explicó ella, sus dedos tamborileando sobre la portada del libro. "Usaremos una conexión de audio privada. Tú escribirás como Ares en tu pantalla y me dirás exactamente qué escribir para Loki en la mía". Audaz, peligrosa y jodidamente brillante. Exigía una sincronización perfecta, una confianza que no existía entre nosotros. ¿Por qué no me expusiste el primer día?, le pregunté, mis ojos fijos en los suyos. "Porque eso habría sido aburrido", contestó ella sin rodeos, encogiéndose de hombros. Gente como tú, Gabriel, necesita un desafío real, no solo una ejecución pública. ¿Un desafío?, repetí, una sonrisa amarga cruzando mi rostro. "Quieres jugar a ser la titiritera". "Quiero ver hasta dónde eres capaz de llegar para mantener tu preciosa corona", corrigió ella, sus dedos acariciando el borde de su taza de café frío. "Quiero ver si hay un ser humano real detrás de esa fachada de perfección". Esta revelación me golpeó con fuerza. Ella no buscaba destruir mi imperio por malicia pura; buscaba la autenticidad que yo había enterrado bajo capas de mentiras y pseudónimos. Era una motivación que me resultaba ajena y fascinante al mismo tiempo. Para mí, el valor de una persona residía en su utilidad y en su capacidad de control; para Mía, residía en su cruda e incómoda verdad. "¿Por qué harías algo así?", la cuestioné, desconfiando de cada uno de sus movimientos. "¿Qué ganas tú con salvar mi imperio de mentiras?". Mía soltó una risa suave, un sonido oscuro que me erizó los cabellos de la nuca. "Control, Gabriel. Quiero ver cómo se desmorona tu máscara dorada pieza por pieza, pero quiero ser yo quien decida cuándo cae". Miré fijamente sus ojos, buscando cualquier indicio de engaño. Silencio absoluto reinaba en la biblioteca, salvo por el zumbido lejano del aire acondicionado. Estaba entregándole las llaves de mi reino a mi peor enemiga. Si ella decidía sabotearme durante la transmisión, no solo perdería mi reputación como Ares, sino que revelaría mi identidad como Loki ante millones de personas. Sería el hazmerreír del mundo literario. Un fraude expuesto ante la masa hambrienta de escándalos. Cómo sé que no vas a teclear una confesión en medio del directo, le pregunté, mi voz apenas un susurro tenso. "No lo sabes", respondió ella, sosteniendo mi mirada sin parpadear. Este es el atractivo de este juego, ¿no crees? Tienes que confiar en la única persona que te odia lo suficiente como para destruirte. Aire espeso se instaló entre nosotros. Podía sentir la vibración de su energía caótica chocando contra mi rígida necesidad de orden. Abismo oscuro se abría bajo mis pies, y ella me estaba invitando a jugar con fuego. "Acepto", dije finalmente, sintiendo como si firmara mi propia sentencia de muerte con sangre. "Pero si cometes un solo error, si te desvías una sola palabra del guion...". "No lo haré", me interrumpió ella, su tono volviéndose extrañamente serio por un instante. "Me gusta ganar tanto como a ti, Gabriel. Y este juego apenas está comenzando". "¿Y qué hay de las publicaciones de mi infancia que filtraste ayer?", inquirí, cruzando los brazos sobre el pecho. "Eso fue solo un recordatorio de que tu pequeño reino no es impenetrable", respondió con una sonrisa de suficiencia. "Un recordatorio muy costoso para mi orgullo", admití, apretando la mandíbula. "El orgullo es un lujo que los mentirosos no pueden permitirse", sentenció ella, cerrando su mochila. --- Pasamos las siguientes horas planeando la logística en el rincón más oscuro de la biblioteca. Dibujé diagramas en mi libreta, calculando los segundos de latencia de la transmisión y los tiempos de reacción necesarios. Mía observaba mis anotaciones con una mezcla de fascinación y desdén. "Eres un psicópata del control", comentó, señalando una de mis notas sobre la velocidad de tecleo promedio de Loki. "Es lo que me mantiene con vida", respondí sin mirarla, concentrado en la pantalla de mi teléfono. Necesitamos que tu ritmo de escritura coincida con el mío. Si yo escribo a ochenta palabras por minuto, tú debes mantenerte en un rango similar. Puedo hacerlo, aseguró ella, recostándose en su silla con una confianza que me irritaba profundamente. He estado practicando con tus textos. Conozco el ritmo de tu alter ego mejor que tus propios editores. Aquella confesión me hizo detener el bolígrafo. Observé su rostro, tratando de descifrar la intrincada mente de la chica gótica que había irrumpido en mi ordenada existencia. Había algo profundamente perturbador en la forma en que me comprendía. Era como si pudiera ver a través de las capas de arrogancia y frialdad que yo usaba para protegerme del mundo. "No me mires así", murmuró ella, desvía la mirada hacia la ventana por un breve segundo. Pregunté, tratando de sonar indiferente. "Como si fuera un espécimen de laboratorio. No soy uno de tus personajes modificados para encajar en una trama juvenil barata". Eres mucho más caótica que cualquiera de mis personajes, admití, cerrando la libreta con un golpe seco. "Bueno, el caos es lo que te hace falta para que tus libros dejen de sonar tan jodidamente perfectos y empiecen a sonar reales", replicó ella, volviendo a clavar sus ojos oscuros en los míos. Doloroso e inesperado, el comentario dio en el blanco de mis inseguridades más profundas. Siempre me había enorgullecido de mi técnica impecable, pero ella acababa de señalar mi mayor temor oculto bajo mi soberbia. Acababa de sugerir que mi escritura fuera solo un eco vacío de fórmulas matemáticas. Que mi talento fuera artificial era una acusación que no podía tolerar. Perfección vende, dije, defendiendo mi fortaleza con fiereza. Imperfección enamora, contraatacó ella sin dudarlo, dejándome sin argumentos. Nos quedamos en silencio, desafiándonos mutuamente con la mirada en la penumbra de la biblioteca. Nadie más existía en ese momento. Sombras borrosas cruzaban los pasillos exteriores, pero para nosotros el mundo se había reducido a esa pequeña mesa de madera. Solo importaba este duelo silencioso entre el orden que yo representaba y el caos que ella encarnaba. Miré el reloj de pared, dándome cuenta de que el tiempo se nos escapaba entre los dedos. Hora del torneo literario se acercaba rápidamente, y la tensión en mi pecho amenazaba con asfixiarme de verdad. Es hora de preparar los equipos, dije, poniéndome de pie y recogiendo mis cosas. Mía hizo lo mismo, colgándose su mochila negra llena de parches de bandas de metal sobre un hombro. "Te veré en mi casa a las siete", ordenó ella con un tono que no admitía réplicas. Mis padres no estarán, añadió, guiñándome un ojo con malicia. Tendremos la privacidad que tu plan maestro requiere para no ser descubierto. Asentí con la cabeza, sintiendo una extraña mezcla de anticipación y pánico correr por mis venas. Esta noche mi imperio se salvaría o ardería hasta los cimientos. Y la cerilla estaba en manos de Mía, la única persona capaz de destruirme con un solo clic. --- Llegué a su casa diez minutos antes de la hora acordada, con el maletín de mi portátil bien sujeto. Estructura antigua de dos pisos, rodeada de árboles secos que proyectaban sombras retorcidas sobre la fachada de madera grisácea. Subí los escalones del porche, sintiendo que cada paso me alejaba más de mi zona de confort y me adentraba en su terreno. Toqué la puerta tres veces, el sonido resonando en la tranquila calle residencial. Mía abrió de inmediato, vistiendo una camiseta holgada de una banda de rock gótico y unos pantalones desgastados. Su cabello oscuro caía desordenado sobre sus hombros, dándole un aspecto aún más salvaje que de costumbre. Llegas temprano, observó, haciéndose a un lado para dejarme pasar. Control del tiempo es fundamental si queremos que esto salga bien, respondí, cruzando el umbral hacia el interior de la casa. Ambiente dentro olía a incienso de sándalo y libros viejos, una combinación extrañamente acogedora pero inquietante. Subimos las escaleras en silencio hasta su habitación, un santuario de paredes pintadas de negro y pósteres de películas de terror clásicas. En el centro del cuarto, dos escritorios improvisados estaban colocados de espaldas el uno al otro. Dos ordenadores portátiles brillaban en la penumbra, listos para la batalla literaria que definiría nuestras vidas. He configurado la red privada como me pediste, dijo Mía, señalando los equipos con un gesto de la mano. Tu portátil se conectará como Ares, y el mío estará registrado bajo la cuenta verificada de Loki. Me acerqué a los equipos, revisando minuciosamente cada cable y cada ajuste de red para asegurarme de que no hubiera fallos. Todo estaba exactamente como lo había planeado, una precisión técnica que me alivió momentáneamente de mi tormento. Ajusté el brillo de mi pantalla, sintiendo el sudor frío en la nuca. Comentarios en el chat de la transmisión ya se acumulaban por miles, esperando con ansias el inicio del torneo. Fanáticos de Ares exigían una victoria aplastante, mientras que los seguidores de Loki pedían caos y destrucción. Era un espejo de mi propio conflicto interno, una guerra civil librada en la arena pública de internet. "Cinco minutos para empezar", anunció Mía desde su escritorio, su voz sonando extrañamente tranquila a través del canal de audio. "¿Estás listo, mi querido Ares?". "Escribe exactamente lo que te dicte, Loki", respondí, apretando los puños para detener el temblor. Bien, murmuré, girándome para mirarla a los ojos. Mía estaba de pie junto a su cama, observándome con una intensidad que me hizo tragar saliva de golpe. Peligro de la situación se hizo más real que nunca en este espacio tan íntimo y cerrado. Estábamos a punto de iniciar una transmisión en vivo que definiría el futuro de mi carrera y de mi cordura. Me acerqué despacio a ella, acortando la distancia física entre nuestros cuerpos hasta que apenas quedaron unos centímetros de separación. Tensión entre nosotros se volvió tan densa que casi podía cortarse con un cuchillo. Gabriel se acerca tanto a Mía que puede oler su perfume de canela y ceniza, susurrando: 'Si me traicionas en vivo, te arrastraré conmigo al infierno'. Ella responde presionando un auricular espía en su oído.

End of Chapter 6

Chapter 6: Chapter 6: El Reto de la Corona - El Chico detrás de la Máscara | Novel AI Studio