Chapter 2 of 5
Susurros de una Vieja Deuda
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Afilado, el aire vibró con risas forzadas y el tintineo de copas. Kael, inmóvil en el centro del salón de banquetes, observaba. La cena formal era un circo social que detestaba, un nido de víboras donde se tejían alianzas y se cuchicheaban traiciones. Su mirada, sin embargo, no buscaba alianzas. Buscaba una víbora en particular.
El salón resplandecía bajo candelabros de cristal, un despliegue obsceno de riqueza. Cientos de invitados, las élites de la ciudad, se movían entre mesas repletas de manjares. Kael sentía el peso de sus ojos sobre él, la curiosidad, la envidia. Su ascenso meteórico desde la nada hasta la cima industrial era un tema constante de chismes. No le importaba. Solo importaba su hermana. Solo importaba Romualdo.
Preocupación tensó su mandíbula. Elara, su hermana, todavía convaleciente. La beca amenazada. El sabotaje de su línea de semiconductores. Cada incidente una flecha envenenada, disparada con precisión milimétrica. Ninguna coincidencia. Todo parte de un plan orquestado por 'El Cantante'.
Respiró hondo. Un aroma dulce y empalagoso de perfume caro llenó sus pulmones. Sus ojos escanearon la multitud con una eficiencia casi robótica. Buscó un rostro, una silueta. No tardó en encontrarlo. Romualdo, en el centro de un círculo de aduladores, su sonrisa amplia y falsa, su carisma una máscara de depravación.
Finalmente lo vio. Vestido con un traje de seda que contrastaba con su aura tosca, Romualdo reía ruidosamente, una mano sobre el hombro de un político local. Su cabello oscuro y engominado, su mirada que prometía tanto placer como peligro. Un hombre acostumbrado a salirse con la suya.
Kael se movió, una sombra entre las luces. Su paso era deliberado, silencioso. No quería una confrontación pública, no aún. Quería un acercamiento, una lectura. Necesitaba confirmar sus sospechas, sentir el pulso de su enemigo. Necesitaba entender la profundidad de la amenaza.
Minutos después, Kael estaba a pocos metros de Romualdo, esperando el momento. Una pareja se despidió del cantante, abriendo un pequeño espacio. Kael lo aprovechó. Se deslizó como una anguila, su presencia sutil pero innegable.